El 8 de noviembre de 1960, por una estrechísima ventaja (algo más de 112.000 votos), el joven y encantador John Fitzgerald Kennedy conseguía hacerse con la presidencia de los Estados Unidos para el Partido Demócrata. Estas elecciones fueron especialmente llamativas porque en ellas se realizó el primer debate televisado de la historia.
Estados Unidos venía de dos mandatos republicanos de la mano de Dwight Eisenhower, que había dado paso a su vicepresidente Richard Nixon como nuevo candidato. Según los expertos, el momento clave de la campaña electoral fue el mencionado debate televisivo que tuvo una audiencia de 60 millones de espectadores. El control de su expresión corporal y su cuidada estética hicieron que los ojos de los estadounidenses se posaran sobre Kennedy y le dieran la vuelta a las encuestas, que vaticinaban la victoria de Nixon.
Kennedy centró su mandato en las medidas sociales y la defensa de los derechos civiles, los cuales estaban siendo especialmente reclamados por la comunidad afroamericana. La vida de ensueño que presentaba ante las cámaras le convirtió en un personaje muy popular y fue muy querido por sus ciudadanos. Especialmente llamativo fue su papel en la Crisis de los misiles cubanos durante la Guerra Fría, que dio comienzo al embargo económico de Cuba. Kennedy moriría asesinado el 22 de noviembre de 1963, cuando recibió tres disparos durante un desfile en Dallas.