El 4 de noviembre de 1980, el republicano Ronald Reagan ganaba las elecciones presidenciales frente a un desgastado Jimmy Carter que no supo recuperar la confianza perdida por el electorado. El candidato del Partido Republicano superó a su rival por una distancia considerable: 43.903.230 votos frente a 35.480.115 para el bueno de Jimmy.
La situación económica del país estaba de capa caída desde la crisis del petróleo de 1973 y los demócratas no veían la forma de mejorar los datos de desempleo e inflación. Además, para gran parte de la población la actuación del ejecutivo de Jimmy Carter frente a la invasión soviética de Afganistán o la crisis de los rehenes en Irán era demasiado suave. Fue entonces cuando apareció Ronald Reagan, un antiguo actor que supo lograr en la política la popularidad que nunca tuvo en el mundo del espectáculo. Su carisma y positivismo, acompañado de una visión extremadamente liberal y un empeño por recuperar la posición estadounidense como azote del comunismo consiguieron entusiasmar a la población, que le aupó a la presidencia sin dudarlo.
Las políticas de Reagan se centraron en un endurecimiento de sus tratos con la URSS, promover la defensa y las medidas liberalizadoras del mercado que recortaron servicios sociales y provocaron un deterioro en el nivel de vida de las clases bajas. A pesar de esto, Reagan consiguió transmitir una sensación de fortaleza y patriotismo que le harían ser reelegido en 1984.