A pesar de su abundancia en el universo no fue descubierto hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX. Fue el 18 de agosto de 1868, durante un eclipse, cuando el francés Pierre Jules Janssen (1824-1907), al realizar una espectrometría, detectó una línea brillante amarilla en el espectro de la cromosfera solar. En aquellos momentos pensó que se trataba de sodio.
Apenas dos meses después otro científico, el inglés Norman Locyer (1836-1920), concluyó que estaba equivocado, que realmente era un nuevo elemento, un gas no detectado con anterioridad en nuestro planeta. Decidió bautizarlo como 'helio', ya que en griego antiguo esta palabra significa 'sol'.
No obstante, tuvimos que esperar hasta 1882 para que un tercer científico, el italiano Luigi Palmieri (1807-1896), observara la característica línea amarilla en nuestro planeta, la descubrió el analizar la lava del Vesubio.