Mostrando entradas con la etiqueta 1789. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1789. Mostrar todas las entradas

Juramento del juego de pelota

 Tal día como hoy de 1789, Versalles fue presa de la agitación política. Luis XVI, acosado por problemas financieros y el descontento popular, se había visto obligado a convocar los Estados Generales, la tradicional asamblea de representación del reino de origen medieval. Las sesiones se abrieron en Versalles el día 5 de mayo y los representantes de los no privilegiados, el llamado Tercer Estado, se vieron rápidamente decepcionados. Sus demandas de igualdad política con la nobleza y el clero y de reforma de las instituciones fueron ignoradas. Se les obligó a reunirse por separado y sólo se les admitiría un voto colectivo. Ante tal situación, los diputados decidieron proclamarse “Asamblea Nacional” en representación de toda la nación y comenzar a discutir las reformas. El día 20 encontraron su sede cerrada, por lo que acudieron a la Sala del Juego de Pelota y, en medio de un ambiente de éxtasis, juraron no disolverse hasta que se hubiese establecido una constitución para el reino. Francia caminaba hacia la revolución.

George Washington, primer presidente de los Estados Unidos de América

 Tal día como hoy de 1789 George Washington fue elegido el primer presidente de la historia de los Estados Unidos. Tras la independencia de Gran Bretaña en 1783 como resultado de una larga guerra y la aprobación de la Constitución en 1787, las instituciones de la nueva nación echaron a caminar con la elección del primer presidente. Fue elegido Washington por su trayectoria durante la guerra, su carisma y sus dotes políticas. Tomó posesión el 30 de abril de aquel año y fue elegido nuevamente en 1792, durando su mandato un total de ocho años.

Se aprueba la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

 


El 26 de agosto de 1789, la Asamblea Nacional Constituyente, que se había reunido con el compromiso de dotar a Francia de una constitución, aprobó el último artículo de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Este documento, icónico y clave en el desarrollo de la Revolución Francesa, tiene su origen en los Estados Generales de 1789 convocados por Luis XVI. Durante esta congregación organizada para promover reformas fiscales que ayudasen a Francia a salir de la crisis en la que estaba, los miembros del Tercer Estado (la burguesía) vieron cómo el monarca absolutista ignoraba sus reclamaciones aun cuando contaban con el doble de representantes que la nobleza y el clero y eran ellos quienes sostenían la economía del país. Así las cosas, los miembros del Tercer Estado proclamaron la Asamblea Nacional y, tras ser esta clausurada por Luis XVI, se encerraron en una sala donde se practicaba un juego de pelota y juraron no abandonar el lugar hasta haber proveído a Francia de una constitución.

El 9 de julio, al tiempo que aquella improvisada organización tomaba el nombre de Asamblea Nacional Constituyente, se propuso comenzar la labor de crear una carta magna redactando una especie de preámbulo en el que se estableciesen todos los derechos que la constitución debía defender y respetar. El proceso fue el siguiente: se presentaron proyectos de declaraciones de derechos individuales (hasta 21 propuestas distintas) que eran votadas y, una vez elegida la más conveniente para actuar como texto base, se realizaba una segunda votación en la que se valoraba la declaración artículo por artículo hasta que la asamblea estuviera conforme. De los 24 artículos que componían el modelo original, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se vio reducida a 17 y el último se aprobó el día 26 de agosto.

La declaración, promulgada a principios de noviembre de ese mismo año, se basaba en los principios de la Ilustración para desmontar la sociedad clasista y autoritaria del Antiguo Régimen y proponer un modelo más igualitario basado en la defensa de valores y derechos como la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. En ella se hace especial hincapié en la igualdad de todos los sujetos en cuanto y a derechos y ante la ley, un factor imprescindible si lo que se quería era acabar con las diferencias de los estamentos feudales. También se destaca el artículo 3, en el que se afirma que “el principio de esta soberanía reside esencialmente en la Nación”.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano sirvió de prefacio para la Constitución de 1791 pero, curiosamente, aunque habla promueve la igualdad como valor primordial solo se refiere a la igualdad y los derechos de los hombres. El primer documento de esta clase en el que se menciona a las mujeres fue redactado por Olympe de Gouges en 1791 (la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana).


Toma de la Bastilla. Comienza la Revolución Francesa

 


El 14 de julio de 1789 un hastiado pueblo parisino decidió, ante la clarísima falta de intencionalidad de Luis XVI de promover un cambio en la sociedad, tomar las armas y asaltar la vieja fortaleza de la Bastilla. Este acto de rebeldía es considerado la chispa que prendió la Revolución Francesa.

Durante las últimas décadas del siglo XVIII, Francia estaba pasando por un mal momento económico cuyo sistema político y financiero, basado en los principios del Antiguo Régimen (los privilegiados gobiernan y el pueblo paga) no conseguía solucionar. La situación debido al apoyo francés a la causa de las Trece Colonias, que se habían rebelado contra la corona británica en 1776. La situación se hizo tan insostenible que el rey se vio obligado a convocar Estados Generales con el fin de promover una reforma que fuera capaz de actuar y resolver los problemas del país. Mientras que la burguesía pensaba que se les brindaba la oportunidad de cambiar las cosas y alcanzar una sociedad más igualitaria, el rey, la aristocracia y el clero querían que los cambios asegurasen que todo siguiera igual. Esto desembocó en la formación de la Asamblea Nacional y el Juramento del Juego de Pelota.

Desde ese momento la tensión en París fue en aumento constante y la cosa alcanzó su máximo cuando se conoció la noticia de la destitución de Jacques Necker, ministro de Hacienda de Luis XVI a quien el pueblo tenía en gran estima por sus propuestas reformistas. El día 12 hubo una manifestación en los jardines del Palais Royale en la que, a modo de cortejo fúnebre, los participantes vistieron de negro y portaron bustos de Necker. Los rumores decían que Luis XVI tenía preparado a un gran contingente de tropas para reprimir a los opositores e incluso que estaba preparado para hacer arder París, por lo que el pueblo decidió prepararse para lo peor. En la mañana del 14 de julio, los revolucionarios tomaron el Hotel de los Inválidos, se hicieron con los 30 000 fusiles y los cañones que allí se guardaban y marcharon a la Bastilla para aprovisionarse de pólvora.

La fortaleza del este de París había sido construida durante la Guerra de los Cien Años con Inglaterra pero se había convertido en un símbolo de la opresión autoritaria de la monarquía y en ella habían estado encerrados personajes como Voltaire, el marqués de Sade y Diderot. Representantes de los sublevados se reunieron con las autoridades de la Bastilla para negociar su apertura pacífica pero los acuerdos no llegaban y la muchedumbre se impacientaba. La Bastilla fue tomada por la fuerza y la sangre manchó sus galerías y estancias hasta que el gobernador de la prisión, Bernard-René de Launay, ordenó a sus hombres que se rindieran y entregó la Bastilla al pueblo parisino.

No tardó en correrse la voz del asalto a la prisión realista, edulcorada con épicas historias de heroísmo y patriotismo, y la toma de la Bastilla se convirtió en un símbolo para los franceses que, habiendo visto que existía una posibilidad, se alzaron en armas contra su déspota rey mientras enarbolaban los valores de libertad, igualdad y fraternidad. En apenas unas horas había comenzado la Revolución Francesa y ya nada volvería a ser igual.


el Juramento del Juego de Pelota

Encerrados fuera de su sala de reuniones en Versalles, los diputados del Tercer Estado en Francia se congregaron en una cancha de tenis cercana y juraron no disolverse hasta que se estableciera una constitución escrita: el Juramento del Juego de Pelota, uno de los hechos más importantes del comienzo de la Revolución Francesa. 

Los diputados del Tercer Estado, al darse cuenta de que en cualquier intento de reforma serían derrotados por las dos órdenes privilegiadas, el clero y la nobleza, habían formado, el 17 de junio, una Asamblea Nacional. Al verse encerrados en su sala de reuniones habitual en Versalles el 20 de junio y pensar que el rey los estaba obligando a disolverse, se mudaron a una cancha de tenis cubierta cercana. Allí hicieron el juramento de no marcharse hasta que se estableciera una constitución escrita para Francia. Ante la solidaridad del Tercer Estado, el rey Luis XVI cedió y el 27 de junio ordenó al clero y a la nobleza unirse al Tercer Estado en la Asamblea Nacional.