El 29 de agosto de 1632 nació en Wrington, Somerset, una de las figuras más destacadas del empirismo británico, filósofo, diplomático y economista: John Locke.
Estudiante de Medicina en Oxford, entró al servicio del conde de Shaftesbury, líder del partido Whig que se oponía al modelo absolutista, y fue de su mano de quien adquirió el ideario liberal y los principios en los que basó sus teorías políticas. En Dos ensayos sobre el gobierno civil (1690), Locke plantea que todos los hombres nacen en igualdad de derechos y libertades y que el estado debe encargarse de proteger su vida, su libertad y su propiedad. La gran diferencia de su teoría residía en que, al contrario que Thomas Hobbes, Locke pensaba que la forma ideal de gobierno debía ser aquella en la que el poder estuviera limitado y proviniera del pueblo, que aceptaría a sus gobernantes a través de un contrato social. También apoyaba ideas como la necesidad de que hubiera documentos en los que se establecieran los principios y límites del estado (una constitución), la separación de poderes y el derecho de los gobernados a cambiar o deponer a los gobernantes cuando estos no cumplieran sus deberes.
En el apartado filosófico, Locke partió de los trabajos de autores como Descartes o Francis Bacon para refutar el principio de las ideas innatas y plantear un empirismo basado en la experiencia, pero entendida como el conjunto de los estímulos externos (sensación) y lo que percibimos en nuestro interior (reflexión).