El 13 de agosto de 1961, se inició la construcción que partió la ciudad de Berlín hasta 1989 y cuyos restos ahora son objeto turístico y de reflexión
Hoy, sesenta años después de su construcción y casi 32 desde su caída, la historia del llamado muro de la vergüenza sigue atrayendo a millones de turistas y curiosos cada año.
Cada 13 de agosto, Berlín recuerda en primer lugar a los muertos que perdieron la vida junto al muro y los alambres de espino, pero también “el sufrimiento humano que causó la división de la ciudad y del país con la separación de familias, amigos y allegados y la pérdida de oportunidades en la vida”, dijo.
Llamó a mantener vivo el recuerdo de los acontecido el 13 de agosto, sobre todo porque las generaciones más jóvenes “tuvieron la suerte de no vivir esta división” y la memoria colectiva les permitirá valorar el concepto de libertad.
El recuerdo de las víctimas del muro debe servir también para trasladar a aquellas personas que no vivieron los horrores de un régimen totalitario "el valor de los derechos democráticos fundamentales y los peligros de las ideologías totalitarias",