En la madrugada del 5 de noviembre de 1605, poco después de la medianoche, el católico Guy Fawkes fue arrestado en las bodegas de la Cámara de los Lores. Era uno de los conspiradores que pretendían asesinar al rey Jacobo I y a los lores británicos para poner fin a la discriminación que vivían los católicos y sacar al gobierno protestante del trono de las islas.
A la muerte sin descendencia de Isabel I fue su primo lejano Jacobo de Escocia quien tomó la corona. A pesar de ser protestante, su madre había sido una ferviente católica y se creyó que este nuevo monarca facilitaría la convivencia entre los seguidores de ambas religiones, pero nada más lejos de la realidad. Jacobo I no solo mantuvo las leyes anticatólicas, sino que ordenó la expulsión de las islas de los sacerdotes de esta fe e impuso multas a aquellos que no asistieran a las misas protestantes. En 1603, estas medidas reunieron a Robert Catesby, Thomas Winter, Thomas Percy, John Wright y Guy Fawkes entre otros para acabar con la vida del rey y, en el caos provocado, conseguir ver cumplidas sus demandas.
La conspiración se preparó para coincidir con la apertura del Parlamento y todo iba según lo planeado hasta que la conspiración llegó a oídos del rey. Catesby y los suyos decidieron seguir adelante y mandaron a Fawkes a revisar la pólvora que habían ocultado en una bóveda (1.400 kilos de explosivos), donde fue arrestado y sometido a tortura para que delatara a todos sus compañeros. Para enero de 1606 todos los conspiradores y participantes habían sido arrestados, fusilados o descuartizados y ejecutados. El fallido intento de asesinato provocó que las leyes anticatólicas se endurecieran y alargó durante siglos la situación de tolerancia entre ambas religiones.