Tal día como hoy nació en Cádiz Emilio Castelar y Ripoll, quien con el tiempo llegaría a presidir el gobierno de la I República española. Estudió filosofía y derecho en Madrid y comenzó su andadura política muy joven, en 1854. Durante el reinado de Isabel II destacó por su apoyo a la causa democrática, su republicanismo y por su defensa entusiasta de la abolición de la esclavitud en las colonias. Obtuvo una cátedra de Historia en Madrid, desde donde no dudó en clamar contra los abusos de la reina y sus adeptos. Paticipó en la revolución de 1868 que provocó la caída de Isabel II y en 1873 se convirtió en el cuarto hombre que presidió el gobierno de la República. Durante la Restauración borbónica evolucionó desde un inicial distanciamiento a su progresiva inclusión en el régimen político. Está considerado como el mejor orador español de todos los tiempos.
Muere Jean-François Champollion
Tal día como hoy de 1832 murió de un ataque de apoplejía Jean-François Champollion, erudito, filólogo y arqueólogo francés que supo resolver genialmente el misterio que durante siglos no habían logrado desvelar las más esclarecidas mentes europeas. Era hijo de un librero y desde muy joven destacó en el estudio y aprendizaje de las lenguas, interesándose vivamente por las del Próximo Oriente antiguo. Profesor en la Universidad de Grenoble con sólo 19 años, sus conocimientos de copto y el análisis pormenorizado de inscripciones egipcias escritas simultáneamente en textos jeroglífico, hierático y demótico le permitieron descubrir el funcionamiento de la escritura jeroglífica egipcia. Hizo públicos sus resultados entre 1822 y 1824, causando sensación entre las clases ilustradas europeas. Entre 1828 y 1830 encabezó una expedición arqueológica a Egipto.
ENLACES:
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/jeroglificos-escritura-mas-enigmatica_8933
Fernando VII “reactiva” la Pragmática Sanción
El 31 de diciembre de 1832, el rey Fernando VII de Borbón derogó el decreto real firmado por él mismo en septiembre por el cual reinstauraba la Ley Sálica y devolvía la posibilidad de acceder al trono a Isabel, su hija de dos años.
Los últimos años del reinado de Fernando VII estuvieron marcados por dos problemas: los intentos por instaurar un sistema constitucional de los liberales o de endurecer el Antiguo Régimen de los absolutistas y la cuestión de quién sucedería al rey en el trono tras su muerte. Para 1830 Fernando se había casado por cuarta vez pero no había logrado tener descendencia alguna, por lo que todo apuntaba a que su hermano menor, Carlos María de Isidro, se convertiría en el nuevo monarca muy pronto. Sin embargo, ese mismo año nació Isabel de la unión de Fernando con María Cristina de Borbón.
Hasta entonces, y durante algo más de un siglo, la Ley Sálica establecía que en caso de que no hubiera hijos varones que pudieran heredar el trono, este recaería sobre algún pariente del monarca fallecido y las combinaciones eran tan variadas que apenas existía posibilidad de que una mujer subiera al trono.
Todo esto cambió el 29 de marzo de 1830, cuando Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción y suprimió esta ley, permitiendo a Isabel convertirse en reina y frustrando las expectativas de los más conservadores que apoyaban a Carlos María. Tal fue su inquina que, aprovechando una enfermedad del rey durante el verano de 1832, un grupo de nobles y militares presionaron a la reina para que convenciera al rey de reinstaurar la Ley Sálica en lo que se conoce como los Sucesos de la Granja. Lograron su objetivo y durante unos meses Carlos María fue el heredero reconocido de Fernando VII, pero el estado de salud del rey mejoró y anuló esta medida el 31 de diciembre de ese mismo año.
La muerte de Fernando VII en 1833 haría que la regente María Cristina y, más tarde, Isabel de Borbón se apoyaran en los sectores más liberales mientras que los absolutistas y Carlos María de Isidro renegaban del derecho al trono de la princesa y daban comienzo a la Primera Guerra Carlista (1833-1840).
El garrote vil se convierte en instrumento de ejecución oficial en España
El 28 de abril de 1832, coincidiendo premeditadamente con el reciente cumpleaños de su esposa la reina María Cristina, Fernando VII emitió una Real Cédula por la que se establecía que el único método para aplicar la pena de muerte en España sería el garrote, descartando así la horca. Este instrumento no era novedoso en el país, ya que había sido un instrumento de tortura habitual en tiempos de la Inquisición y otros reyes lo habían empleado.
El garrote vil, como fue y es conocido popularmente, consiste en una cuerda atada a un palo o argolla y alrededor del cuello del reo a través de la cual el verdugo podía estrangular al condenado mediante un torniquete, muriendo este por rotura de cuello. Curiosamente, en el texto se destacaba el carácter humanitario y la decencia en el método de ejecución por una extraña creencia de que morir sentado era más digno que hacerlo colgando de una cuerda. También se establecían distintos tipos de condenas según si el sujeto era de clase noble o no, aunque todos acababan igual.
La última condena a muerte por garrote vil es de 1977 aunque el reo fue indultado. La Constitución de 1978 aboliría la pena capital en España.