Nace Joseph Paul Goebbels
El temido ministro de Propaganda de Hitler, Joseph Paul Goebbels, nació el 29 de octubre de 1897 en Rheydt, Mönchengladbach, Alemania.
Goebbels fue el tercero de cinco hijos de Friedrich Goebbels, empleado de una fábrica católica romana, y Katharina Maria Odenhausen. Sus padres le proporcionaron educación secundaria y también durante los cinco años de estudios universitarios. Fue exento del servicio militar durante la Primera Guerra Mundial debido a su pie zambo (presumiblemente como resultado de haber contraído polio cuando era niño).
El infame nazi se graduó de Heidelberg en 1922 con un doctorado en filosofía alemana, tras lo que le siguió una carrera en la escritura.
En el otoño de 1924, Goebbels se convirtió en administrador de distrito de la Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP; Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, o Partido Nazi), y dos años después, Adolf Hitler lo convirtió en el líder del distrito en Berlín. En 1927, Goebbels fundó Der Angriff ("El ataque"), un periódico nacional socialista semanal, y al año siguiente, Hitler lo designó para el puesto de director nacional de propaganda para los nazis.
Una vez en este puesto, Goebbels comenzó a crear el mito del Führer en torno a Hitler. Y es que a Joseph Goebbels se le considera responsable de presentar una imagen favorable del régimen nazi a los alemanes. Sus actividades cotidianas también incluyeron el diseño de carteles, la publicación de piezas de propaganda, el uso de sus guardaespaldas para incitar a las batallas callejeras y, en general, al aumento de la agitación política.
Su control de la máquina de propaganda se extendió por todos los medios de la época: periódicos, radio, películas, teatro, literatura, música y artes, y se convirtió en una figura temible, especialmente por los judíos, que ahora se encontraban en la mira del partido nazi.
Después del suicidio de Adolf Hitler, Goebbels sirvió como canciller de Alemania únicamente un día, antes de que él y su esposa, Magda Goebbels, envenenaron a sus seis hijos y se suicidaran.
El nacimiento de la aspirina
El 10 de agosto de 1897, el joven químico alemán Felix Hoffmann, sintetiza el ácido acetilsalicílico.
Felix Hoffmann nació el 21 de enero de 1868 y creció en Swabia, Alemania. Su padre era fabricante en Ludwigsburg, Alemania, y fue allí donde un joven Hoffman desarrolló un gusto por la fabricación y los procesos químicos. Le fascinaba el trabajo en el campo farmacéutico. Fue empleado en varias farmacias en todo el país y también estudió química y farmacia en la Universidad de Munich. En 1891 se graduó magna cum laude de la Universidad de Munich. Dos años más tarde obtuvo su doctorado, también magna cum laude, después de completar su tesis titulada "Sobre ciertos derivados del dihidroantraceno".
Por recomendación del ganador del Premio Nobel, el profesor Adolf von Baeyer, con quien Hoffmann había estudiado, se unió a "Farbenfabriken vorm. Friedr. Bayer & Co." en 1894 para trabajar como químico en el laboratorio.
Hoffman pertenecía a una clase de investigadores que querían crear nuevas sustancias que pudieran usarse como medicamentos y no simplemente recrear los ingredientes activos de los productos naturales. Felix Hoffman, como dice la leyenda, también estaba motivado por el deseo de aliviar el dolor terrible que sufría su padre. Su padre sufría de artritis debilitante. Le era difícil moverse y los analgésicos en ese momento eran lamentablemente inadecuados o hacían que el paciente se sintiera peor por los peligrosos efectos secundarios.
¿Cómo solucionarlo?
El mérito de Hoffmann fue solucionar esta contraindicación mediante la acetilación sobre el ácido salicílico, obteniendo el ácido acetilsalicílico, principio activo de la aspirina. Agregó el grupo acetilo a varias moléculas con la esperanza de, por un lado, disminuir la toxicidad y, por otro, mejorar la fuerza de las sustancias fisiológicamente activas. Dicho y hecho. Utilizando ácido acético, que es el químico activo en el vinagre, Hoffman pudo crear una forma químicamente pura y estable de ácido salicílico el 10 de agosto de 1897.
Cuando Hoffmann consiguió sintetizar ácido acetilsalicílico, Heinrich Dreser probó la sustancia en pacientes en un hospital en Halle, Alemania. Se llamaba aspirina, "A" para acetilo y "espirina" de Spirea, el nombre del género para arbustos que son una fuente alternativa de ácido salicílico. Desafortunadamente, las fuentes sobre los orígenes de la aspirina difieren. Ha surgido evidencia de que Arthur Eichengrün jugó un papel más significativo según lo admitido por Bayer y es posible que se haya dejado de lado en la historia (que se ha contado aproximadamente desde la década de 1930) porque Eichengrün era judío. Arthur Eichengrün afirmó ser el inventor de la aspirina después de la Segunda Guerra Mundial y en años posteriores, se descubrió que muchos de los argumentos de Eichengrün eran convincentes. Sin embargo, Bayer siempre lo ha negado y afirmó que la invención de la aspirina se debió única y exlcusivamente a Hoffmann. Cuando Bayer solicitó una patente, resultó que el ácido acetilsalicílico se había sintetizado antes, a pesar de que probablemente no era tan puro como el de Hoffmann.
Sea como fuere, Hoffmann había descubierto un analgésico, reductor de la fiebre y sustancia antiinflamatoria. La compañía trabajó a toda máquina para desarrollar un proceso de producción rentable que permitiera suministrar el prometedor ingrediente activo como producto farmacéutico.
En 1899 se lanzó por primera vez bajo el nombre comercial Aspirin, inicialmente como un polvo suministrado en botellas de vidrio. Su éxito fue tal que la Aspirina hizo que el nombre de Bayer sea mundialmente famoso como ningún otro medicamento.
Poco después de la síntesis del ácido acetilsalicílico, Hoffmann fue nombrado jefe del departamento de marketing farmacéutico. Se retiró en 1928, cuando su descubrimiento ya era un éxito mundial.
Antonio Cánovas del Castillo es asesinado
El 8 de agosto de 1897 Antonio Cánovas del Castillo, por entonces presidente del gobierno y uno de los políticos y estadistas más importantes de la España de la Restauración, fue asesinado mientras descansaba en el balneario de Santa Águeda en Mondragón, Guipúzcoa.
Licenciado en Derecho, historiador y aficionado a la escritura, Cánovas del Castillo demostró tener un gran intelecto y una pluma afilada y precisa desde sus primeros días en Madrid. Fue en la capital donde comenzó a trabajar como periodista para ganarse la vida y, a través de este oficio, conoció a personalidades destacadas de la época que le metieron en política y le llevaron a unirse a partidos de corte moderado centrista. En 1854 se le encargó redactar el Manifiesto del Manzanares, firmado por Leopoldo O’Donnell y en el que se pedía una serie de reformas políticas y constitucionales que llevaran a España hacia una nueva etapa de liberalismo. Tras esto, vivió una etapa de prosperidad en su carrera política que le llevó a ocupar numerosos cargos de relevancia como diputado en las Cortes constituyentes de 1854 o subsecretario de Gobernación. Tras la Revolución Gloriosa que expulsó a Isabel II del trono, Cánovas del Castillo dirigió una minoría conservadora que rechazó tanto a la monarquía de Amadeo I como el proyecto de la Primera República. Sería el propio Cánovas quien redactaría el Manifiesto de Sanhurst, documento antecedente del regreso de Alfonso XII de Borbón como rey de España.
Cánovas del Castillo se convirtió entonces en uno de los políticos más importantes de toda España. Diseñó el sistema de alternancia política característico del periodo de la Restauración y encabezó la redacción de la constitución de 1876 (vigente hasta 1923). El líder del Partido Conservador ostentó el máximo poder (por debajo del rey) del país hasta 1881 y más tarde lo fue recuperando en 1884 (hasta 1885, cuando murió Alfonso XII), en 1890 (hasta 1892) y en 1895 (hasta 1987). Durante su gobierno, que alternaba con el líder liberal Práxedes Mateo Sagasta, Cánovas del Castillo intentó lograr un crecimiento económico y una pacificación social al tiempo que hacía frente a problemas como la Tercera Guerra Carlista, la guerra con Cuba, el cantonalismo o el nacionalismo catalán. En sus últimos años la agitación social suscitada por la aparición de nuevos grupos proletarios de ideología socialista y anarquista desembocó en un atentado en Barcelona en 1896 que sería seguido por una fuerte oleada de detenciones, deportaciones, palizas, encarcelamientos y asesinatos sumarios.
El 8 de agosto de 1897, el anarquista italiano Michele Angiolillo localizó a Antonio Cánovas del Castillo mientras descansaba en el balneario de Santa Águeda y le pegó tres tiros a quemarropa con un revólver, matándolo en el acto. El asesino afirmó que había comprado el arma en Londres y había viajado a España para atentar contra el presidente del gobierno, la Reina Regente y el futuro rey Alfonso XIII. Aunque siempre defendió que la muerte de Cánovas del Castillo era una venganza por los anarquistas muertos y detenidos tras el atentado de Barcelona de 1896, investigaciones posteriores descubrieron que Angiolillo había estado en contacto con los líderes de los insurgentes cubanos en París y que habían sido estos quienes le habían pagado el viaje hasta Madrid. Michele Angiolillo fue condenado a pena de muerte y ejecutado ese mismo mes de agosto.
La muerte de Antonio Cánovas del Castillo supuso un duro golpe para el sistema de la Restauración ya que no solo se trataba de uno de sus líderes históricos, sino que era la persona que había diseñado el modelo de alternancia en el poder y ningún político que viniera después llegaría a aplicarlo de la misma forma en que lo hizo Cánovas.
Es encontrada la estatua de la Dama de Elche
El 4 de agosto de 1897 fue encontrada en la Alcudia, un terreno pedregoso cercano a la ciudad de Elche, la que probablemente sea la pieza escultórica más representativa de la cultura íbera: la Dama de Elche.
La figura data de entre el siglo V a.C. y el siglo IV a.C. Se trata de un busto de unos 56 centímetros de altura y 65 kilogramos de peso esculpido en piedra arenisca de la cantera local Peligro. En la parte posterior, más tosca, se encuentra una cavidad de unos 18 centímetros cuyo propósito es desconocido aunque se ha especulado que podría tratarse de un relicario o de una caja de resonancia para la estatua. Parece ser que la figura, que no se sabe si pertenecía a una estatua de cuerpo entero o fue concebida como busto, contaba con color ya que se encontraron restos de pintura roja, azul y blanca en el momento del hallazgo. Se trata de una figura muy rica en detalles y ornamentación que bien podría representar a una diosa, a una sacerdotisa o a una dama de alta alcurnia.
El descubrimiento de la Dama de Elche cuenta con una versión que se ha convertido en “oficial” con el paso del tiempo pero que diversos estudios (La Dama de Elche como lugar de Memoria, de Sonia Gutiérrez Lloret) parecen desmentir. La historia más difundida cuenta que la estatua fue hallada por Manuel Campello, Manolico, un joven de 14 años que trabajaba con su padre en la finca y que la encontró por accidente al levantar una piedra. Según su partida de nacimiento, para 1897 Campello debía tener 18 y no 14 como afirmaba y esta no fue la única pieza fuera de su sitio: otros testigos afirman que fueron los trabajadores de Antonio Galiano Sánchez quienes la encontraron en un punto a 50 metros más al norte de donde decía Manuel Campello.
Sea como fuere, el descubrimiento de la Dama de Elche fue solo el principio de su odisea. Primero se expuso en el balcón del doctor Manuel Campello y Antón (propietario de la finca que no estaba emparentado con Manolico a pesar de tener mismo nombre y apellido) pero, en agosto de ese mismo año, el arqueólogo francés Pierre Paris le convenció para que se la vendiera por 4000 francos. La Dama de Elche fue propiedad del Museo del Louvre durante cuatro décadas pero, en 1941, el gobierno de Francisco Franco y el gobierno colaboracionista del mariscal Pétain llegaron a un acuerdo para que los galos devolvieran a España una serie de obras de arte y arqueológicas de gran valor, entre ellas la escultura íbera. Se cree que esta decisión en nada beneficiosa para Francia se debió al miedo que sentía Pétain por que Franco entrara en la Segunda Guerra Mundial del lado alemán y amenazara sus posesiones en el norte de África.
La Dama de Elche volvió a su país natal en febrero de 1941. Tras un tiempo expuesta en el Museo del Prado, fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional en 1971, donde todavía permanece. Desde su regreso, el busto ha hecho dos visitas a la ciudad de Elche (1965 y 2006).