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Tal día como hoy del año 1933 juraba por primera vez el cargo de presidente de Estados Unidos el político demócrata Franklin Delano Roosevelt. Había ganado las elecciones presidenciales en el contexto de la fuerte depresión económica que siguió al crac de 1929, que había acabado con una década de bonanza económica en la potencia norteamericana. Para superarla puso en marcha el New Deal, un programa de política económica basado en una vigorosa intervención del Estado para mitigar el desempleo y la apatía en la actividad económica. Lograría su reelección en tres ocasiones: 1936, 1940 y 1944. Sus últimos años de mandato estuvieron determinados por el estallido y posterior intervención de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. Murió el 12 de abril de 1945, antes del fin de la contienda.
El 27 de febrero de 1933 un incendio devastador destruyó la sede del Parlamento alemán (Reichstag) de Berlín. Pese a que el culpable de los hechos fue un joven holandés, Marinus van der Lubbe, al que se detuvo, Hitler aprovechó la ocasión que le brindaba un ataque de tanto valor simbólico para culpar del mismo a sus enemigos políticos. Declaró el estado de emergencia e inició una violenta campaña de represión de socialdemócratas y, especialmente, de comunistas. Poco después el presidente de la República, Hindenburg, sancionó a solicitud de Hitler una ley “para la defensa del pueblo y del estado» por la que quedaban suspendidas las libertades políticas.
Tal día como hoy de 1933 tenía lugar uno de los acontecimientos más trágicos de la Segunda República. Desde hacía un año el sindicato anarquista CNT venía llamando a la huelga y la insurrección, cuando el 10 de enero de 1933 comenzaron a producirse disturbios en la provincia de Cádiz. Al día siguiente un grupo de campesinos anarquistas rodearon el cuartel de la Guardia Civil de Casas Viejas hiriendo a dos ocupantes. Desde las dos de la tarde fueron llegando fuerzas del orden, que tomaron el pueblo y se dirigieron a la choza de un tal Seisdedos, donde se habían refugiado algunos implicados en los hechos. Tras tiroteos e intentos de asalto, los guardias prendieron fuego a la choza, muriendo varios de sus ocupantes. Al día siguiente, cuando la situación estaba ya controlada, ejecutaron a varios campesinos. El trágico balance (23 civiles muertos) se convirtió inmediatamente en una crisis política: la oposición tanto de izquierda como de derecha atacó al gobierno, al que consideró responsable de los sucedido.
El 23 de diciembre de 1933 nacía en Tokio el actual emperador emérito Akihito. Su majestad imperial lo fue durante 30 años. Abdicó al trono el 30 de abril de 2019.
El destino de Tsugu Akihito estaba en parte escrito cuando nació en 1933. Es el quinto hijo del emperador Hirohito y la emperatriz Nagako. El Príncipe, que tenía el título personal de "Príncipe Tsugu" como joven miembro de la Familia Imperial, fue educado en privado por tutores como la mayoría de la realeza de su generación. Sin embargo, también asistió a primaria y secundaria de la Escuela de Compañeros. Más tarde estudiaría ciencias políticas en la Universidad Gakushuin, pero no llegó a graduarse.
Vivió fuera de Tokio durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, pero regresó tras la guerra. Debido a los cambios que la guerra había traído a la sociedad japonesa -como la eliminación del poder del emperador para gobernar de otra forma que no fuera ceremonial-, la educación de Akihito se amplió para incluir enseñanza del inglés y de la cultura occidental. Su tutora fue la bibliotecaria Elizabeth Gray Vining.
Una vez alcanzada la mayoría de edad, en 1952, fue investido como heredero del trono japonés. Siete años más tarde, rompiendo una tradición de 1.500 años de antigüedad, se casó con una plebeya, Shōda Michiko, que era hija de un rico hombre de negocios. Su primer hijo, el príncipe heredero Naruhito, nació el 23 de febrero de 1960; le siguieron el Príncipe Akishino (nacido el 30 de noviembre de 1965) y la Princesa Nori (el 18 de abril de 1969).
Akihito ha sido emperador de Japón durante 30 años, desde 1989 a 2019. Como vástago de la familia imperial más antigua del mundo, fue, según la tradición, el descendiente directo número 125 de Jimmu, el legendario primer emperador de Japón.
Su reinado, designado como Heisei ("Logrando la paz"), estuvo marcado por ambos regentes como embajadores de buena voluntad de Japón.
A los 82 años difundió un discurso a través de televisión en el que expresaba su deseo de abdicar debido a su frágil estado de salud, apelando a los legisladores japoneses para alterar la Ley de la Casa Imperial de 1947, que no incluía un modus operandi para la abdicación. Finalmente, fue promulgada una ley especial para permitirle abdicar y el 30 de abril de 2019, el emperador renunció a su cargo y pasó el trono al Príncipe Heredero Naruhito quien desde el 1 de mayo de 2019 se convirtió en el nuevo emperador de Japón.
El monte Everest es un icono de la exploración humana. El interés que suscita la montaña más alta del mundo ha llevado a decenas de avanzadillas a recorrerlo de diversas formas, más o menos arriesgadas.
Una pareja de exploradores británicos protagonizó un hito de la aviación mientras realizaba una de esas arriesgadas operaciones: David McIntyre y Douglas Douglas-Hamilton.
Ambos pilotaron durante tres horas y media en dos biplanos Westland Wallace el 3 de abril de 1933, a una velocidad de 225 kilómetros por hora. La ruta era la siguiente: de Karachi, (actual Pakistán y entonces, parte de la India Británica), a Nueva Delhi; y de allí a Purnea, (en Bihar, al sur del Everest).
Los riesgos de sobrevolar el punto más alto del planeta eran altos: falta de oxígeno e incidencias climatológicas, como fuertes vientos. Además, los integrantes no llevaban consigo paracaídas, para reducir el peso lo máximo posible, y los aeroplanos debían disponer de un combustible especial que evitase congelaciones.
No obstante, los objetivos eran nobles; en primer lugar, científicos. El equipo quería fotografiar la zona sur del Everest para realizar mapas. Con tal intención, el suelo de los biplanos se abría, de modo que se pudieran realizar tan complicadas fotografías.
La misión también tenía como objetivo encontrar restos de Andrew Irvine y George Mallory, desaparecidos desde 1924, aunque jamás se halló evidencia alguna de estos dos escaladores.
A pesar de que la misión fue un éxito de la aviación británica, no lo fue tanto a nivel humano (los escaladores no fueron hallados), y tampoco a nivel científico. Las imágenes tomadas durante este vuelo histórico no lograron tener la calidad suficiente como para ser usadas para cartografiar el terreno. Por tanto, un segundo vuelo fue planificado y realizado, eso sí, de manera secreta. Esta segunda vez, las condiciones meteorológicas eran aún peores.
Es sorprendente percatarse de que las mujeres en España no pudieron ejercer su derecho como ciudadanas hasta hace poco menos de un siglo: el 19 de noviembre de 1933.
¿Qué estaba ocurriendo en España por entonces? La Segunda República se había proclamado el 14 de abril de 1931, sustituyendo a una monarquía institucional, desacreditada al permitir Alfonso XIII la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y tras fracasar el intento de vuelta a la “normalidad constitucional” con la dictablanda del general Berenguer (1930-1931).
La cuestión del voto femenino se puso sobre la mesa en las Cortes republicanas en 1931, durante el bienio progresista, y fue Clara Campoamor quien enarboló la lucha para que las mujeres alcanzaran este derecho fundamental. Por entonces solo había tres diputadas. Campoamor, entre ellas; las otras dos, Victoria Kent y Margarita Nelken, se mostraban sin embargo reacias a contemplar el voto femenino por miedo a que éste beneficiase a los partidos conservadores.
El 1 de octubre de 1931, el Congreso de la Segunda República Española hizo oficialmente legal el voto femenino con casi la mitad del Congreso en contra. Una decisión que se haría efectiva sería en las elecciones de 1933 (que ganó la CEDA). Aquel día histórico, 6.800.000 españolas introdujeron su voto en las urnas por primera vez. Hay que recordar que tras la Guerra Civil y la dictadura franquista, las mujeres pasarían más de 40 años sin volver a votar, hasta los comicios de 1977 (los primeros libres tras la dictadura), otorgando la victoria a la Unión de Centro Democrático liderada por Adolfo Suárez.
Aunque hay representantes muy antiguas del feminismo, la primera vez que se cuestiona oficialmente la igualdad de derechos entre hombres y mujeres fue a partir de la Revolución Francesa (1789) puesto que la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano no incluía a las mujeres como poseedoras de los mismos derechos que los ciudadanos hombres.
A partir de entonces, los movimientos ilustrados de hombres y mujeres en toda Europa plantearon la necesidad de establecer un sufragio universal, además de garantizar la igualdad de otros derechos civiles, como los derechos matrimoniales o los de capacitación profesional; Sin embargo, las mujeres continuaron sin poder ejercer como ciudadanas de pleno derecho hasta bien entrado el siglo XX. Al menos, en Europa. Nueva Zelanda se dio algo más de prisa, y aseguró este derecho antes del final del siglo XIX, en 1893. En Europa, las protestas por el voto tuvieron su manifestación más temprana en Reino Unido. En 1911, la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU) se congregó en Londres para reivindicar el sufragio femenino.
El 2 de febrero de 1933 el presidente nicaragüense Juan Bautista Sacasa y el líder guerrillero liberal Augusto César Sandino se reunieron en la Casa Presidencial de Managua y firmaron un plan de paz que llevaría al país de la tensión posbélica a una normalidad civil. Las principales medidas que se tomaron buscaban, principalmente, desarticular las guerrillas sandinistas, la entrega de las armas y asegurar a sus miembros una amnistía y un futuro como agricultores.
Esta firma de paz llegaba tras una guerra que se extendía desde 1926, cuando Emiliano Chamorro se rebeló contra el gobierno legítimo y se colocó al conservador Adolfo Díaz como presidente con el apoyo de los Estados Unidos, país que llevaba interviniendo en los asuntos nicaragüenses desde finales del siglo XIX y que tenía centenares de marines en Nicaragua). Esta decisión hizo que el general José María Moncada, el político liberal Juan Bautista Sacasa y el líder guerrillero Augusto César Sandino organizaran un contrataque que llevaría al país a una guerra civil, la llamada Guerra Constitucionalista. Durante el conflicto, Sandino se convirtió en un héroe nacional muy popular entre las clases populares, lo que hizo que las tropas de Chamarro y los marines estadounidenses dedicaran grandes esfuerzos (infructuosos) a atraparlo.
La guerra se extendió hasta 1932, cuando ambos bandos acordaron celebrar unas elecciones democráticas con observadores externos en las que salió victorioso Sacasa. Las funciones de la Guardia Nacional, brazo armado de Díaz y Chamarro que había sido coordinada por los marines estadounidenses, pasó en su totalidad al nuevo gobierno y se puso a un tal Anastasio Somoza (futuro dictador) al mando. En enero de 1933 los marines salieron de Nicaragua y Sandino, anti-imperialista y cuyo principal objetivo durante la guerra era la retirada estadounidense, aceptó reunirse con el gobierno y dejar las armas.
Sin embargo, las buenas intenciones se esfumaron pronto. Se registraron muchos casos de hostigamiento contra los miembros de la guerrilla sandinista y violaciones de los acuerdos por parte de la Guardia Nacional. Tras varios intentos de Sandino por pedir explicaciones a Sacasa y arreglar la situación, el líder guerrillero fue invitado a una reunión en la Casa Presidencial y, a su salida, él y los generales que le acompañaban fueron arrestados por la Guardia Nacional. El llamado ‘general de hombres libres’ fue fusilado por orden de Anastasio Somoza y con el beneplácito de los Estados Unidos el 23 de febrero de 1934.
El campo de concentración de Dachau se inauguró el 10 de marzo de 1933, muy poco tiempo después de que Adolf Hitler se convirtiera en el Führer.
Situado a las afueras de Dachau, una ciudad a unos 16 km al norte de Múnich, este campo de concentración recibió en sus inicios solo a presos políticos para más tarde albergar también a gitanos, homosexuales, testigos de Jehová y judíos. Estos últimos fueron llevados a Dachau tras la Noche de los cristales rotos, acaecida en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 y en la que 30 000 judíos alemanes fueron arrestados y llevados a campos de concentración por el simple hecho de ser judíos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Dachau fue sustancialmente ampliado añadiéndose al campo principal unas 150 sucursales diseminadas por el sur de Alemania y Austria, que se agruparon bajo el mismo nombre. Se estima que 160 000 prisioneros pasaron por la sede principal de Dachau y 90 000 por las secundarias. Según los registros, que están incompletos, se cree que al menos 32 000 prisioneros de Dachau murieron allí por enfermedad, desnutrición, opresión física y ejecución y muchos más fueron llevados a campos de concentración que se encontraban en la Polonia ocupada por los alemanes. La instalación contó con una cámara de gas en 1942 pero nunca se utilizó.
El campo de concentración de Dachau es tristemente célebre por los experimentos que se llevaron a cabo allí con los prisioneros. Se probaron los efectos en el cuerpo de los aumentos y disminuciones repentinos de la presión atmosférica, de la congelación, de beber agua de mar, se les infectó con malaria para tratarlos con fármacos de acción desconocida, se les privó de agua y alimento para ver cómo reaccionaba su organismo… Tales experimentos, que se llevaron a cabo durante la Segunda Guerra Mundial, así como sus duras condiciones de vida acrecentaron la fama de Dachau. Cuando acabó la contienda, muchos de los médicos y científicos que experimentaron con prisioneros en Dachau y otros campos de concentración fueron juzgados en Núremberg en los conocidos Juicios de Núremberg.
Dachau fue liberado por los americanos el 29 de abril de 1945. Entre los horrores que se encontraron allí destacan los vagones de tren llenos de judíos que habían muerto en el camino al campo y cuyos cadáveres habían dejado allí mientras se descomponían.
El 5 de marzo de 1933, el pueblo alemán acudió a las urnas en las últimas elecciones democráticas previas a la Segunda Guerra Mundial y concedió al Nationalsozialistische Deutsche Arbeiter Partei (el Partido Nazi) de Hitler el 43,9 % de los votos. El resultado de estas elecciones, en las que participó el 89 % del electorado, supondría la consolidación de Hitler como líder de Alemania y la decadencia y desaparición de su sistema democrático.
No era la primera vez que Hitler salía bien parado de unas elecciones. En las de noviembre de 1932, el Partido Nacionalsocialista obtuvo un 37 % de los votos y propició que el presidente Paul von Hindenburg encargase al propio Hitler el formar gobierno, asumiendo este el cargo de canciller en enero de 1933. Desde su posición de poder, y utilizando tanto los mecanismos legales del propio sistema como la intimidación, la violencia y la mentira, Hitler y el Partido nazi cultivaron un terreno fértil para que sus ideas radicales crecieran con facilidad. Especialmente recordado es el incendio del Reichstag, el parlamento alemán, del que se acusó a radicales judíos y que más tarde se demostró que había sido provocado por las propias autoridades nazis para extender el odio contra los judíos.
En este clima favorable, Hitler convocó las elecciones de marzo de 1933 con la esperanza de llegar a esa mayoría absoluta que tanto ansiaba, pero quedándose en un insuficiente 44%. A pesar de todo, el problema le duró poco ya que ilegalizó el Partido Socialista de Alemania y comenzó a desmontar cualquier garantía de un sistema democrático, reuniendo todo el poder en su figura y llevando a cabo una rápida conversión de sistema constitucional a dictadura en menos de un año.