Luis XIV, conocido popularmente como ‘el Rey Sol’, es considerado el ejemplo más significativo de rey absolutista fuerte en Europa. Hijo de Luis XIII y Anna de Austria, ascendió al trono cuando aún no había cumplido los 5 años, siendo atendido principalmente por criados y recibiendo una educación religiosa intransigente que le haría verse como el ejecutor de la voluntad divina. El reinado de Luis XIV, que se extendió durante 72 años y 4 meses, contó con un crecimiento económico, social y cultural promovido por la concentración de poder en manos del monarca y sus consejeros más cercanos. A esta época se la llama Le Grand Siècle (el Gran Siglo).
A la fuerte política interior hay que sumar los constantes intentos del rey por extender sus dominios, generalmente a costa de los territorios europeos de la corona española. España y Francia se enfrentaron en numerosas guerras que conducirían al matrimonio entre Luis XIV y la infanta Margarita de Austria, hija de Felipe IV. El monarca francés no solo no amaba a la infanta, sino que le demostró su desprecio constantemente y no tenía reparos en pasearse por ahí con sus muchas amantes. Desde su lujoso Palacio de Versalles, Luis XIV vivió de forma extravagante y autoritaria, realmente convencido de que había sido elegido por Dios para gobernar y, por lo tanto, con capacidad para hacer lo que quisiera.
Murió el 1 de septiembre de 1715 tras una larga agonía provocada por una gangrena senil producto de la gota.