La movilidad individual, llevada a cabo por intereses particulares, caracterizaba la vida de las personas en Europa central, incluso en el segundo y tercer milenio.
ya se habia demostrado que, hace 4.000 años, la mayoría de las mujeres en el valle de Lech eran «extranjeras». Precisamente, ellas pudieron haber jugado un papel decisivo en la transferencia del conocimiento de cómo fundir el bronce, lo que, según los investigadores, condujo a una globalización temprana, ya que las materias primas tenían que ser transportadas a través de Europa.
Esas redes suprarregionales fueron fomentadas por los matrimonios por interés. Por las riquezas de sus tumbas, los arqueólogos saben que estas forasteras (todas ellas adultas) estaban bien integradas en las familias y gozaban igualmente de un alto estatus.
Herencia familiar
los bienes eran heredados por los descendientes de sus padres, lo que significa que el estatus social pasaba de generación en generación en la familia durante al menos 700 años en vez de ser adquirido por los méritos durante la vida. «La riqueza se correlacionaba con el parentesco biológico o con el origen extranjero. La familia nuclear transmitía su propiedad y estatus durante generaciones».