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Tal día como hoy del año 1863 nació en Dearborn (Michigan) el hombre que puso al mundo sobre ruedas, Henry Ford. En 1879 obtuvo su primer trabajo relacionado con el mundo de la locomoción como aprendiz en la Michigan Car Company, una fábrica de locomotoras. En 1891, ya casado con Clara Bryant, se trasladó a Detroit para trabajar como ingeniero en la Edison Electric Iluminating Company, lo que le permitió adquirir una buena formación en electricidad. En 1896 concluyó con éxito su primer modelo de vehículo autopropulsado, el Quadricycle. La continuación del éxito de sus experimentos le llevaría a fundar en 1903 la Ford Motor Company al frente de la cual revolucionaría el mundo del automóvil y de la producción industrial. En octubre de 1908 la compañía presentó el mítico Ford-T dando inicio una carrera imparable de éxitos que darían base a un imperio empresarial que continua vivo.
El 19 de diciembre de 1863, el barrio londinense de Limes Field fue testigo del que es considerado el primer partido de fútbol moderno de la historia. El encuentro enfrentó al Barnes Football Club contra el Richmond Football Club y terminó en un empate sin goles.
Si bien habían existido partidos de fútbol, llamémoslos “oficiales”, con anterioridad y la estela de este deporte puede remontarse en sus diversas formas hasta la China de hace 2.200 años, el partido de 1863 fue el primero en el que se aplicó un reglamento concreto diseñado para esta práctica en concreto. Antes de esto, el fútbol era un deporte bastante caótico que cada país, región e incluso cada escuela jugaba según sus propias costumbres por lo que resultaba muy complicado enfrentar a equipos que vinieran de un punto A y de un punto B respectivamente.
Esta situación hizo que surgiera, ese mismo 1863, la Federación Inglesa de Fútbol (F.A. por sus siglas en inglés) cuya primera misión fue crear un reglamento para el deporte. Entre otras cosas, en ese reglamento se establecían puntos tan básicos como las medidas del campo, el número de jugadores por equipo o el tiempo de juego. Como curiosidad, la idea original de la F.A. no era probar el reglamento en el partido Barnes FC-Richmond FC sino en otro posterior; pero estaban tan impacientes por ver los resultados de su trabajo que decidieron adelantarlo.
Las reglas funcionaron bien y, aunque tuvieron que pulirse con el paso de los años, establecieron las bases de lo que se convertiría en el deporte rey. En 1872, menos de una década después, se jugó el primer partido de selecciones nacionales entre Inglaterra y Escocia (que también terminó en empate a cero).
El filántropo Jean Henri Dunant, junto a cuatro ciudadanos suizos pertenecientes a la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública, funda la Cruz Roja, una Organización No Gubernamental con el objetivo de “prestar auxilio, sin discriminación, a todos los heridos en los campos de batalla; se esfuerza, bajo su aspecto internacional y nacional, en prevenir y aliviar el sufrimiento de los hombres en todas las circunstancias”. Además, la organización especifica la no distinción por nacionalidad, raza, religión, condición social ni credo político; y también, la independencia de los Gobiernos e instituciones.
La idea de Dunant se gestó años atrás, cuando en 1859 presenció el enfrentamiento de los ejércitos francés y el piamontés, muy cerca de Solferino. La batalla dejó unos 40.000 muertos, muchos de ellos, heridos que morían al estar desatendidos. Impresionado por este hecho, plasmó sus ideas Recuerdo de Solferino, un año antes de fundar la ONG.
El 3 de julio de 1863 se libra el último día de la batalla de Gettysburg, que finaliza con la carga de Pickett.
Nos encontramos en plena Guerra de Secesión.
Todo comenzó porque en la primavera de 1863, las fuerzas confederadas bajo el mando del general Robert E. Lee lograron una tremenda victoria sobre el mayor general Joseph Hooker y el ejército del Potomac en la batalla de Chancellorsville en Virginia. La victoria fue tan colosal que Lee creyó que podría impulsar a su ejército a emprender un movimiento estratégico audaz.
Lee comenzó a mover su ejército hacia el norte a principios de junio de 1863. El 9 de junio, mientras estaba cerca de Culpepper, Virginia, las fuerzas de caballería confederadas bajo el mando del mayor general Jeb Stuart se comprometieron con la caballería federal en la batalla de la estación de Brandy, la batalla de caballería más grande de la Guerra Civil. A mediados de junio, el ejército de Lee estaba al norte del Potomac y se dirigía hacia Pensilvania.
Mientras el ejército de Lee se movía hacia el norte, el Ejército de Potomac estaba luchando con las secuelas de la derrota. Hooker seguía a cargo del ejército pero la Administración Lincoln en Washington tenía poca confianza en él, por lo que finalmente presentaría su renuncia, que el propio Abraham Lincoln firmó.
El 28 de junio, el general George Gordon Meade tomó el mando del ejército del Potomac en un momento en que el ejército de Lee ya estaba en Pennsylvania, y las fuerzas de la Unión estaban en Maryland moviéndose hacia el norte lo más rápido posible.
La batalla de Gettysburg, librada en julio de 1863, detuvo la segunda invasión del norte del general confederado Robert E. Lee. En ella, más de 50.000 hombres cayeron como víctimas durante la batalla, entre muertos, heridos y desaparecidos, convirtiéndose en la batalla más sangrienta de la Guerra Civil estadounidense. El mayor número de víctimas que en cualquier batalla de la Guerra Civil.
Durante los primeros tres días de julio de 1863, el Ejército de la Unión del Potomac y el Ejército Confederado del Norte de Virginia convirtieron una pequeña ciudad del sur de Pensilvania, Gettysburg, en el emplazamiento de una lucha por el futuro de los Estados Unidos. La escala de sufrimiento que produjo este combate nunca antes se había visto en suelo estadounidense. Según muchos historiadores, Gettysburg fue el punto de inflexión de la Guerra Civil estadounidense. Fue la mejor oportunidad de la Confederación para lograr la victoria, y dio nueva vida al esfuerzo de guerra de la Unión.
El ejército confederado del norte de Virginia, con más de 75.000 soldados bajo el mando del general Lee, cruzó a Pensilvania con el objetivo de asestar un golpe devastador a las fuerzas de la Unión. Lee esperaba que un ataque exitoso pusiera fin a la neutralidad inglesa y francesa y volviera la opinión del norte a favor de la negociación de la paz. El Ejército de la Unión del Potomac, recientemente colocado bajo el mando del general George Meade, contaba con más de 88.000 soldados. Los dos grandes ejércitos se encontraron en Gettysburg.
Las fuerzas de la Unión repelieron asalto tras asalto hasta que Lee reconoció la futilidad de la campaña y ordenó que su ejército, derrotado y tremendamente perjudicado, regresara a Virginia. Fue una derrota devastadora, también a nivel moral. A pesar de todo, la guerra continuaría aún unos años más, hasta 1865.