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Graham Bell obtiene la patente del teléfono

 Tal día como hoy del año 1876 la Oficina de Patentes de EE.UU. concedía a Alexander Graham Bell la patente del teléfono (registrada con el número 174.465). Era una gran victoria para el inventor estadounidense, ya que desde hacía décadas varios inventores habían estado trabajando en la idea de un sistema de comunicación que transmitiese sonidos, una especie de «telégrafo parlante». El pionero en este terreno fue el inmigrante italiano Antonio Meucci, que llegó a registrar varias comunicaciones sobre sus avances en la Oficina de Patentes. Incluso el mismo día y en la misma oficina en que Graham Bell entregó su solicitud de patente, el también inventor Elisha Gray presentó otro escrito sobre el mismo invento unas horas más tarde. En este caso la audacia fue tan importante como el talento para que Graham Bell se llevase la gloria.

ENLACES:

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/alexander-graham-bell-y-polemica-telefono_15118

Nace Manuel de Falla

 El 23 de noviembre de 1876 nace Manuel de Falla, uno de los compositores más importantes del panorama español, junto con Isaac Albéniz y Enrique Granados. Nacido en Cádiz, Falla es célebre por haber compuesto exquisitas piezas para danza, con un estilo universal, e inspirado en ritmos populares andaluces.

Durante su etapa de formación pasó por París, donde entabló relación con Claude Debussy, Maurice Ravel, Paul Dukas e Isaac Albéniz. A su regreso a España, en 1914, fue cuando escribió sus obras más representativas: la pantomima El amor brujo y el ballet El sombrero de tres picos.

Nace la espía Mata Hari

 El 7 de agosto de 1876 nació en Leeuwarden, Holanda, Margaretha Geertruida Zelle, conocida internacionalmente como la espía Mata Hari.

Procedente de una familia humilde y de clase baja, abandonó la vida provinciana que le esperaba en su hogar al casarse con el oficial de la Marina Campbell MacLeod con 18 años. Lo había conocido a través de un anuncio en la página de contactos del periódico. El capitán había sido destinado a Indonesia, por entonces colonia holandoesa, y Margaretha se marchó con él encontrándose de pronto en un mundo exótico y vibrante que tenía mucho que ofrecerle. Su vida de casada no resultó especialmente satisfactoria ya que MacLeod resultó ser un alcohólico violento que la despreciaba y abusaba de ella. A causa del trabajo, su marido pasaba mucho tiempo fuera de casa y Margaretha aprovechó para conocer la cultura de Indonesia y aprender los secretos de las danzas javanesas. La desaparición de su marido en un naufragio y la muerte de uno de sus dos hijos la llevaron a volver a Europa en 1902.

Su regreso fue un punto de inflexión en su vida. Margaretha creó la identidad de Mata Hari, una bailarina exótica especializada en danzas eróticas que conquistó los locales de París y las camas de políticos, militares y hombres de fortuna. El estallido de la Primera Guerra Mundial la pilló bailando en el Music-Hall de Berlín y decidió aprovechar su influencia y amplia red de contactos para conseguir un pase seguro hasta Holanda y la protección de todos sus bienes. Así fue como Mata Hari empezó a espiar para los alemanes hasta 1916, cuando fue atrapada por el servicio secreto francés y se convirtió en agente doble (o eso creían los galos). Mata Hari siguió espiando para los alemanes y terminó por ser descubierta por el capitán Ladoux, el mismo que la había atrapado y reclutado la primera vez.

Engañada para viajar a Francia, Mata Hari fue arrestada el 13 de febrero de 1917 y sometida a un juicio en el que se la declaró culpable y se la condenó a pena de muerte. Fue fusilada el 15 de octubre de 1917 en Vincennes, a los 41 años.

Custer y el Séptimo de Caballería son derrotados en Little Bighorn

 


El 25 de junio de 1876 el teniente coronel George Amstrong Custer y sus tropas, el 7º Regimiento de Caballería, lanzaron un ataque contra las fuerzas de nativos americanos lideradas por Caballo Loco en una explanada cerca del río Little Bighorn. La batalla terminó con una estrepitosa derrota para los estadounidenses y la aniquilación del mítico Séptimo de Caballería.

El origen de este enfrentamiento lo encontramos en los momentos posteriores a la Guerra de Secesión estadounidense. Como parte de un plan nacional para reconstruir el país y reconciliar a ambas partes (unionistas y confederados) el gobierno estadounidense promovió la conquista y colonización de los nuevos territorios que habían adquirido en el oeste, por ejemplo California. El problema con el que se encontró Andrew Johnson, presidente por aquel entonces tras el asesinato de Lincoln, fue que para lograr su plan había que mejorar las comunicaciones entre la costa este y la costa oeste y esto pasaba por una mayor red de ferrocarriles. Años antes, tras las guerras indias, el gobierno estadounidense había concedido a las tribus nativoamericanas un amplio territorio en el centro del país en el que, según los tratados firmados, podrían vivir en paz y según sus costumbres sin que se les molestara. Pero las circunstancias habían cambiado y Washington quería construir sus vías ahí, así que primero animó a colonos a que ocuparan ese territorio y, cuando la cosa acabó en sangre, mandó al ejército.

Llegamos así al año en cuestión, 1876. El líder nativo Caballo Loco había conseguido promover la idea de una causa común y reunir a un gran ejército conformado por guerreros de las tribus lakota, cheyennes, arapajó y sioux. El gobierno estadounidense envió a sus fuerzas para combatirlos y los primeros en llegar fueron los del 7º Regimiento de Caballería comandado por George Amstrong Custer, un oficial inepto conocido por el sadismo y la crueldad con la que trataba a los nativos (intentaba que nunca hubiera supervivientes en sus asaltos a aldeas y asentamientos) y con más ganas de alcanzar la gloria personal que de cuidar a sus soldados.

A Custer se le habían dado órdenes de localizar el campamento de Caballo Loco y esperar refuerzos del general de brigada Alfred Terry para realizar una ofensiva potente que acabara con el enemigo. Sin embargo, el teniente coronel creyó que en aquel lugar no podría haber más de 900 indios que serían fácilmente derrotados ante un ataque sorpresa por lo que, temiendo que fueran a levantar el campamento, decidió atacar. El primer error de Custer fue no aceptar los refuerzos ni la ametralladora gatling que se le ofrecían y el segundo fue, al atacar, dividir a sus tropas en tres grupos.

El mayor Reno atacó por el sureste pero fue repelido por los nativos y durante el contraataque tuvo que retirarse, reagrupándose con las fuerzas del capitán Benteen al norte. Caballo Loco llevó a sus tropas hasta esta posición y hostigó a los estadounidenses hasta que Custer decidió lanzar un ataque frontal contra el campamento desde el noroeste. Caballo Loco mantuvo a parte de sus fuerzas conteniendo a Benteen y Reno y dirigió a las demás contra Custer, recibiendo ayuda de los refuerzos de Toro Sentado. Resulta que donde Custer había contado a menos de 900 guerreros había entre 1200 y más de 2000, unas fuerzas que superaban a las suyas en una proporción de diez a uno tras dividir las columnas. Las bajas de Caballo Loco supusieron apenas un 10% del total de sus tropas mientras que los estadounidenses perdieron a la mitad de sus soldados. Todos los oficiales que participaron en la batalla acabaron muertos y los nativos se ensañaron con los supervivientes, persiguiendo y acabando con todo aquel cayera en sus manos. La columna de Cabellos Largos , como los nativos llamaban a Custer, fue aniquilada (268 almas) y se dice que solo sobrevivió un caballo llamado Comanche.

Curiosamente, en ese afán que tiene el país de las oportunidades por justificar todo lo que hacen, los estadounidenses convirtieron esta trágica masacre provocada por el ego y la estupidez de un hombre en una hazaña heroica de su glorioso ejército y a Custer en una especie de mártir que luchó hasta el último aliento. Películas como Murieron con las botas puestas (1941), protagonizada por Errol Flynn demuestran la visión edulcorada y completamente alejada de la realidad que los Estados Unidos quiso convertir en canon.