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Muere el teólogo Juan Calvino

 El 27 de mayo de 1564 murió en Ginebra, ciudad que gobernaba de facto desde 1541, el teólogo de origen francés Juan Calvino, reormista protestante.

Habiendo estudiado Teología, Humanidades y Derecho, Juan Calvino abrazó el luteranismo cuando rondaba los veinte años y empezó a defender principios como la importancia del estudio de la Biblia o la doctrina de salvación, que se basaba en que Dios ya había elegido a las personas que serían salvadas al final de sus vidas y que las buenas acciones no suponían ningún tipo de mérito sino parte de la propia voluntad divina. Estas ideas le llevaron a abandonar París e instalarse en Ginebra (Suiza), donde se convirtió en el líder de la comunidad protestante. Aunuque fue expulsado de la ciudad en 1538 su presencia sería reclamada tres años después y en esta segunda ocasión Calvino traspasaría sus obligaciones religiosas e impuso su gobierno y sus rígidas normas morales a toda la comunidad.

Calvino acabaría acaparando un inmenso poder tanto religioso como civil y lo utilizaría para implantar una durísima represión contra todas aquellas conductas que no considerase dentro de su estricta visión teológica y moral. Al tiempo que bajo su mando su reforma protestante se extendió por los países del centro de Europa e incluso llegó a Francia (hugonotes), Juan Calvino encontró la manera de plantar cara a la Contrarreforma promovida por la Iglesia Católica. Fueron muchas las personas (entre ellas el español Miguel Servet) que acabaron en la hoguera acusadas por herejía siguiendo las órdenes de Calvino.

Miguel Ángel muere en Roma

 


El 18 de febrero de 1564 murió Michelangelo –Miguel Ángel– Buonarroti, uno de los artistas más brillantes de la historia de la humanidad, símbolo del Renacimiento italiano. Su influencia es solo comparable a la de otros genios como Leonardo Da Vinci con el que, por cierto, mantuvo una intensa rivalidad en vida en pos de obtener la simpatía del papa a la hora de llevar a cabo grandes empresas en Roma y Florencia.

Una muestra del poder político y cultural de la Florencia de aquella época fue la maravillosa escultura de Michelangelo El David. La sobrecogedora escultura de mármol mide más de cinco metros de altura representa al rey bíblico David momentos antes de enfrentarse a Goliath. Hoy es un icono cultural de occidente y el más puro reflejo de los valores humanistas del Renacimiento.

Pero la más célebre y maravillosa de sus obras sería la colección de pinturas al fresco que decora la bóveda de la Capilla Sixtina, en Ciudad del Vaticano, en Roma. Buonarroti aceptó trabajar de cero y en solitario. El tema elegido fue una interpretación neoplatónica de nueve escenas del Génesis.

Comenzó la que sería la obra de su vida el 10 de mayo de 1508, cuando empezó a pintar por encargo del papa Julio II la impresionante bóveda, que acabó cuatro años y cinco meses después. El deslumbrante resultado final fue alabado por los ojos más exquisitos. El genio de la literatura Goethe escribió lo siguiente: “Al contemplarla, se comprende de lo que es capaz el hombre".

El detallado conocimiento del cuerpo humano de Michelangelo, que plasmaba en sus maravillosas esculturas y pinturas, fue adquirido durante su etapa de anatomista. Esto lleva a pensar que Miguel Ángel tenía mente de científico y que, pese a ser cristiano, ponía de relevancia la importancia del ser humano, su belleza y su poder (una mentalidad muy propia del Renacimiento).

Como curiosidad, ya entrado el siglo XXI se descubrió que Michelangelo ‘escondió’ un cerebro en la Capilla Sixtina. En la edición de mayo de 2010 de Neurocirugía se publicaba una investigación en la que se mostraban pruebas de cómo Miguel Ángel Buonarroti ocultó una imagen del tronco encefálico en su pintura de la Separación de la luz de la oscuridad de la célebre bóveda del Vaticano.

La gran frustración de su vida fue la Tumba de Julio II, el papa que había sido su mecenas. Sin motivos claros, el papa interrumpió el proyecto, entre otras cosas, para que Michelangelo se dedicase a la bóveda de la Capilla Sixtina. El resultado final fue de mucho menor tamaño que el proyecto inicial. Miguel Ángel quería que fuera esta, y no otra, la obra de su vida.