El 27 de mayo de 1564 murió en Ginebra, ciudad que gobernaba de facto desde 1541, el teólogo de origen francés Juan Calvino, reormista protestante.
Habiendo estudiado Teología, Humanidades y Derecho, Juan Calvino abrazó el luteranismo cuando rondaba los veinte años y empezó a defender principios como la importancia del estudio de la Biblia o la doctrina de salvación, que se basaba en que Dios ya había elegido a las personas que serían salvadas al final de sus vidas y que las buenas acciones no suponían ningún tipo de mérito sino parte de la propia voluntad divina. Estas ideas le llevaron a abandonar París e instalarse en Ginebra (Suiza), donde se convirtió en el líder de la comunidad protestante. Aunuque fue expulsado de la ciudad en 1538 su presencia sería reclamada tres años después y en esta segunda ocasión Calvino traspasaría sus obligaciones religiosas e impuso su gobierno y sus rígidas normas morales a toda la comunidad.
Calvino acabaría acaparando un inmenso poder tanto religioso como civil y lo utilizaría para implantar una durísima represión contra todas aquellas conductas que no considerase dentro de su estricta visión teológica y moral. Al tiempo que bajo su mando su reforma protestante se extendió por los países del centro de Europa e incluso llegó a Francia (hugonotes), Juan Calvino encontró la manera de plantar cara a la Contrarreforma promovida por la Iglesia Católica. Fueron muchas las personas (entre ellas el español Miguel Servet) que acabaron en la hoguera acusadas por herejía siguiendo las órdenes de Calvino.