Los únicos restos que se encontraron flotando sobre las aguas del Atlántico Norte, el 27 de mayo de 1941, fueron los cadáveres de cinco marinos alemanes. Desde entonces, el acorazado de guerra más potente y temido de la historia de Alemania, el Bismarck, permaneció olvidado a 4.791 metros de profundidad, con más de dos mil hombres en su interior, hasta el 8 de junio de 1989 en que fue descubierto por Robert Ballard, el oceanógrafo responsable del hallazgo del Titanic.