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Acaba la guerra de los 30 años (Paz de Westfalia)

 Tal día como hoy del año 1648 se firmaron en la región alemana de Westfalia (en las ciudades de Münster y Osnabrück) sendos tratados por los que se ponía fin a la Guerra de los Treinta Años, que había asolado Europa desde 1618. Se ponía fin así al conflicto general entre las potencias del continente en el que se mezclaron las luchas religiosas entre católicos y protestantes con la pugna por la hegemonía política entre la casa de Habsburgo (cuyos miembros ceñían la corona imperial y la de España) y su tradicional enemiga, Francia. Las dimensiones de la contienda han hecho que merezca el sobrenombre de “la primera guerra civil europea”.

Termina la Guerra de los Ochenta Años

 


El 30 de enero de 1648, las 17 provincias que formaban los Países Bajos y la corona española firmaron el acuerdo de Münster, por el que se reconocía la independencia de las llamadas Provincias Unidas y se ponía fin a la Guerra de los Ochenta Años (1566-1648). El acuerdo, que formó parte de la Paz de Westfalia en la que también se terminó la Guerra de los Treinta Años, sirvió para que terminaran los enfrentamientos de uno de los mayores y más extensos conflictos bélicos de Europa y cuyas consecuencias se prolongaron en el tiempo.

Carlos I de España, nieto de Maximiliano de Austria y de los Reyes Católicos, reunió en su persona un vasto imperio con territorios tanto en Europa como en el Nuevo Mundo. La extensión era tal que resultaba muy difícil mantenerlo pacificado y las revueltas o intentos  por aumentar la independencia y poder de estos eran comunes. El conflicto armado de las provincias de Flandes contra la monarquía de Felipe II comenzó en 1566 y muchos historiadores defienden que la búsqueda de la independencia no fue le verdadero motivo de la guerra. El recién nombrado rey decidió endurecer la defensa del catolicismo (enfrentándose al calvinismo que se había difundido en el centro de Europa) y centró su interés económico en su imperio de ultramar. Las cada vez mayores diferencias entre la metrópolis y sus colonias y la inestabilidad generada por las disputas religiosas y económicas pudieron llevar a los nobles flamencos hacia la rebelión.

El potente mercado de los Países Bajos y su situación estratégica lo convertían en un foco de interés para las grandes potencias. Francia y Gran Bretaña apoyaron a las Provincias Unidas no solo para aumentar su influencia, sino también para debilitar al Imperio Español y darle un golpe que, a la larga, resultaría demoledor. La monarquía hispánica mandó a más de 88.000 efectivos pero todos los esfuerzos y recursos no fueron suficientes para salir victoriosos. La Guerra de los Ochenta Años sangró las arcas españolas y propició la caída definitiva de la Casa de los Austrias.