Estalla el motín de Aranjuez
La noche del 17 al 18 de marzo de 1808 la presencia de la familia real en Aranjuez se vio alterada por la violencia. Antes de la medianoche un grupo de paisanos, criados de palacio y soldados comenzaron un alboroto contra el favorito de Carlos IV, Manuel Godoy. Al parecer los alborotadores fueron instigados por el entorno político del príncipe Fernando aprovechando la tensión generada por la entrada de tropas francesas en España. Se dirigieron a la casa de Godoy y, al no encontrarle, le prendieron fuego. Amedrentado por el altercado, el rey accedió esa misma noche a destituirle. Al día siguiente se halló el escondrijo del valido, que fue apaleado por la multitud. Cuando las noticias llegaron a Madrid y otras ciudades se produjeron manifestaciones de júbilo. El 19, un acorralado Carlos IV abdicaba a favor de su hijo, que a partir de ese momento pasaba a ser Fernando VII.
Tienen lugar la Batalla de Bailén, la primera gran derrota de Napoleón
El 19 de julio de 1808 los ejércitos de Andalucía, improvisados y formados en su mayoría por milicianos y voluntarios sin demasiada experiencia, lograron imponerse a las tropas napoleónicas del general Dupont. Fue la primera gran victoria de los españoles en la Guerra de la Independencia y la primera derrota que los franceses sufrían en campo abierto.
Desde la sublevación popular acaecida en Madrid el 2 y 3 de mayo de 1808, el país era un hervidero de luchas a cuchillo y cañonazo limpio. Los españoles, con un ejército limitado en número y recursos, luchaban con lo que podían por defender cada palmo de tierra contra el invasor y los franceses intentaban someter todos y cada uno de los focos que se extendían por España, comprendiendo que las revueltas habían dejado de ser hechos aislados. En estos meses se formaron las primeras juntas locales, organizaciones que buscaban organizar las acciones políticas y militares de las distintas regiones.
Para julio de ese año, las fuerzas de Napoleón habían conseguido imponerse en el norte y el centro de la península, por lo que encargó al general Pierre Dupont de l'Etang que tomara el sur. Para hacer frente a los 34 000 soldados franceses que avanzaban hacia Córdoba para conquistarla, las juntas de Sevilla y Granada promovieron el reclutamiento de dos fuerzas armadas que se unirían y plantarían cara al invasor (unos 30 000 hombres pero en su mayoría milicianos sin experiencia). Una serie de extraños movimientos hizo que ambas fuerzas se encontraran en las proximidades de la localidad de Bailén en la madrugada del día 19 de julio con informaciones erróneas sobre las fuerzas a las que se iban a enfrentar.
El enfrentamiento comenzó alrededor de las 3 de la madrugada, acompañado por el caos que la absoluta oscuridad propiciaba. Los españoles dirigidos por Reding formaron en arco y se lanzaron contra los franceses en pequeñas escaramuzas por dominar el terreno ventajoso, destacándose la toma del cerro Haza Walona. Dupont ordena a sus tropas cargar una y otra vez esperando abrir una brecha en la línea española pero los defensores, enardecidos por la lucha y la defensa de su tierra, se mantienen firmes y consiguen resistir a la poderosa infantería francesa. El general galo debe recurrir a su caballería para causar daños graves en las fuerzas españolas pero incluso así el resultado es menor de lo esperado. El día avanza y el calor se hace insoportable para ambos bandos pero sobre todo para los franceses, ya que los españoles son socorridos por las mujeres de Bailén que les llevan tinajas y cubos a la batalla.
Viendo que la situación se volvía en su contra y que los refuerzos de Castaños podían llegar en cualquier momento, Dupont ordena lanzar una última ofensiva que él mismo encabezará y en la que participarán los marinos de la Guardia Imperial, las tropas de élite del francés. La carga de los 3300 soldados era un ataque a la desesperada que podría haber dado la vuelta a las tornas de la batalla, pero no fue así. Los españoles resistieron como llevaban haciendo todo el día y la derrota de Dupont, que resultó herido, fue clara. El experimentado general francés había sido vencido por un ejército de voluntarios al que días antes había despreciado.
Las consecuencias de la victoria en Bailén fueron muchas y variadas. Fue la primera vez que las tropas napoleónicas eran derrotadas en campo abierto después de haber conquistado media Europa y eso sirvió como símbolo y como un rayo de esperanza por el que los españoles creyeron que podrían ganar la guerra y pasaron a la ofensiva. También mantuvo el sur lejos de las manos de Napoleón y abrió el camino hacia Madrid, hasta el punto de que José I Bonaparte tuvo que dejar la ciudad y ponerse a salvo en el norte. El pequeño corso, irritado y ofendido por la derrota que su poderosísimo ejército había sufrido, tomó cartas en el asunto y marchó personalmente hacia España a la cabeza de su Grande Armée.
Motín de Aranjuez
se produce un motín en la localidad madrileña de Aranjuez, que provocará la caída de Manuel Godoy y, posteriormente, del rey Carlos IV.
Insurrección contra los franceses: ¡a las armas, Madrid!
En la mañana del 2 de mayo de 1808 y a lo largo de todo el día se vivió en Madrid un levantamiento popular contra las tropas francesas de Napoleón Bonaparte. Este evento marcaría el comienzo de la Guerra de la Independencia contra el invasor francés y quedaría grabado en el recuerdo de los españoles gracias a las obras de Goya y a los textos de Pérez Galdós.
Carlos IV era rey de España desde 1788 pero casi desde el primer momento había demostrado más interés por la caza y los banquetes que por gobernar por lo que todo el poder del país recaía en Manuel Godoy y la reina María Luisa de Parma. En 1807, Napoleón introdujo 23 000 soldados en territorio español con la excusa de que marchaban hacia Portugal y mientras mantenía a Carlos IV y a su heredero Fernando VII entretenidos en Bayona. Las tropas francesas se repartieron por todo el país y la mañana del 2 de mayo pensaban llevarse al hijo menor del rey, Francisco de Paula, hacia Francia cuando una turba popular se abalanzó sobre ellos al grito de “¡Traición! ¡Que nos lo llevan! ¡Muerte a los franceses!”.
La furia corrió como la pólvora por Madrid y la ciudad entera se convirtió en un campo de batalla en el que los madrileños, militares y civiles, luchaban con armas improvisadas contra tropas napoleónicas bien armadas y entrenadas. Uno de los episodios más destacados es el del parque de artillería de Monteleón, que estaba bajo control de los franceses y que Pedro Velarde tomó engañándoles. Una vez dentro y junto a Luis Daoíz, los militares armaron al pueblo que ocupaban en las calles y organizaron la defensa contra los franceses. Ambos morirían luchando tras haber decidido combatir con los madrileños. Entre las decenas de mártires y caídos que dejó el levantamiento del 2 de mayo es recordada con frecuencia Manuela Malasaña, una joven costurera que luchó junto a su padre y murió fusilada.
El día terminó con la imposición de los franceses y una durísima represión contra los sublevados durante los días siguientes. Pero la mecha ya había prendido y la primera derrota solo serviría para que el resto del país acabara por rebelarse contra los invasores de Napoleón.