El 28 de abril de 1832, coincidiendo premeditadamente con el reciente cumpleaños de su esposa la reina María Cristina, Fernando VII emitió una Real Cédula por la que se establecía que el único método para aplicar la pena de muerte en España sería el garrote, descartando así la horca. Este instrumento no era novedoso en el país, ya que había sido un instrumento de tortura habitual en tiempos de la Inquisición y otros reyes lo habían empleado.
El garrote vil, como fue y es conocido popularmente, consiste en una cuerda atada a un palo o argolla y alrededor del cuello del reo a través de la cual el verdugo podía estrangular al condenado mediante un torniquete, muriendo este por rotura de cuello. Curiosamente, en el texto se destacaba el carácter humanitario y la decencia en el método de ejecución por una extraña creencia de que morir sentado era más digno que hacerlo colgando de una cuerda. También se establecían distintos tipos de condenas según si el sujeto era de clase noble o no, aunque todos acababan igual.
La última condena a muerte por garrote vil es de 1977 aunque el reo fue indultado. La Constitución de 1978 aboliría la pena capital en España.