El 4 de noviembre de 1979, una protesta universitaria formada por seguidores del ayatolá Jomeini, recientemente nombrado líder tras la Revolución iraní, asaltó la embajada de los Estados Unidos en Teherán y tomó como rehenes a 66 miembros del personal de la embajada. Otros 6 diplomáticos consiguieron escapar y se refugiaron en la embajada canadiense a la espera de ser rescatados.
La tensión y las malas relaciones entre Estados Unidos e Irán comenzaron mucho antes, cuando el país norteamericano financió y promovió un golpe de estado para derrocar al gobierno democrático de Muhammad Mossadegh y colocar en el poder al shah Muhammad Reza, mucho más manejable y cercano a las posiciones estadounidenses. Jomeini, que había tomado el poder durante la ausencia del shah, reclamó la entrega de Reza a cambio de liberar a los rehenes pero las negociaciones con el gobierno de Jimmy Carter fueron complicadas desde el principio. Los 6 diplomáticos huidos fueron extraídos del país a través de una compleja operación encubierta bautizada como ‘Argo’ y la idea de una intervención militar estaba cada vez más cerca.
Sin embargo, las cosas cambiaron en 1980 cuando Muhammad Reza falleció de cáncer y la guerra entre Irán e Irak amenazaba con servir como pretexto a los Estados Unidos para enviar sus tropas. Jomeini planteó unas nuevas condiciones mucho más rebajadas que las anteriores y llegó a un acuerdo con los Estados Unidos. Los 66 rehenes fueron liberados tras 444 días de cautiverio.