El egiptólogo británico Howard Carter encontró, tras muchas idas y venidas por Luxor, la entrada a la mítica tumba de Tutankamón en 1922. Diseñada como una especie de muñeca rusa, la primera cámara contenía en su interior una segunda que era la que guardaba la estancia donde se encontraba el sarcófago de este famoso monarca de la dinastía XVIII.
Una de las circunstancias que más asombraron a los expertos del momento es que la tumba no había sido saqueada como la gran mayoría de lugares ocultos en el Valle de los Reyes. La tumba contenía más de mil objetos entre joyas, cofres, esculturas de dioses, un trono y la popular máscara por la que Tutankamón es reconocido internacionalmente. Pero más allá de por su valor histórico, la tumba de este faraón es famosa por la serie de desgracias que ocurrieron a sus descubridores y que popularizaron la llamada ‘maldición de Tutankamón’. El primero en caer fue Lord Carnavon, quien sufragaba la investigación de Carter, y para 1935 habían fallecido 21 personas que habían entrado en la tumba.