El 30 de abril del año 1803 se firmó un acuerdo de venta por el que la Francia de Napoleón Bonaparte vendía a los Estados Unidos de Thomas Jefferson el territorio de Louisiana (con una superficie de más de dos millones de kilómetros cuadrados) por 80 millones de francos o 15 millones de dólares. Por aquel entonces, el territorio de Louisiana ocupaba lo que hoy corresponde a once estados distintos y partes de otros varios.
Louisiana había caído en manos de los españoles en 1763, tras la Guerra de los Siete Años en la que Francia había perdido buena parte de sus territorios de ultramar. Sin embargo, tal vez por quitarse problemas, en el año 1800 se llegó a un acuerdo secreto por el que España devolvía Louisiana a los franceses y sería con ellos con quienes tendrían que negociar los estadounidenses. Centrado como estaba en la conquista de Europa, Napoleón vio en sus dominios al otro lado del océano más una distracción que una oportunidad y por eso comenzó a negociar la venta del territorio a los Estados Unidos. El acuerdo era ridículamente favorable para los estadounidenses ya que, según el precio acordado, pagaban 7 centavos por hectárea de un terreno amplio y fértil que acercaba al presidente Jefferson a su deseo de crecer hacia el oeste y unir ambas costas. Se dice que, al firmar el acuerdo de venta, Napoleón se justificó diciendo “Esta venta no es un buen negocio para Francia, pero lo importante es que le daremos a los ingleses un competidor nuevo”.