Oskar Schindler fue un importante empresario alemán que, durante la Segunda Guerra Mundial, salvó la vida de 1.200 judíos a los que consiguió mantener fuera de los campos de concentración al considerarlos trabajadores imprescindibles para su trabajo. Siendo un oportunista y un embaucador, estaba afiliado al Partido Nazi y fue escalando por los puestos sociales hasta codearse con las clases altas del régimen. En 1939 compró una fábrica de esmaltados en Cracovia, que tenía la venta asegurada debido al estallido de la guerra, y se enriqueció empleando a trabajadores judíos como mano de obra y explotándoles para obtener el mayor beneficio posible.
Conforme pasaba más tiempo en contacto con sus trabajadores y la represión, persecución y exterminio sistemático contra los judíos se acrecentaba, Schindler llevó a cabo un plan para mantener a los trabajadores de su fábrica fuera de los campos de concentración. A base de sobornos que le costaron gran parte de su fortuna, Oskar Shcindler reunió un listado de 1200 nombres a los que se asignó la condición de “trabajador imprescindible”, manteniéndolos así con vida. En julio de 1944, consiguió convencer a las autoridades nazis para trasladas su fábrica a la región de Brünnlitz, en los Sudetes.
Con la derrota de Alemania, Schindler huyó a Argentina con su esposa y pasó años allí, aunque volvió a Alemania y murió en Hildesheim el 9 de octubre de 1974.