Armand-Jean du Plessis, más conocido en la historia como cardenal Richelieu o ‘la Eminencia Roja’, murió el 4 de diciembre de 1642 en París. Aunque es recordado en la memoria popular como el antagonista principal de Los tres mosqueteros, novela de aventuras de Alejandro Dumas, fue un gran estadista y probablemente la persona más influyente de toda Francia, responsable del devenir del país durante sus años de vida y posteriormente.
Hijo del dirigente local de Poitou, era el cuarto de cinco hermanos y debería haber dedicado su vida al mundo militar, pero su frágil salud y el azar quisieron que acabara entrando como obispo en la sede episcopal de Luçon. María de Médici, la reina madre, supo ver el valor de su astucia y habilidades políticas y lo colocó bajo su protección otorgándole diversos cargos que le harían ascender en la corte real. Richelieu acabaría por acercarse a Luis XIII, un rey que le despreciaba pero que era consciente del importante papel que podía jugar en el gobierno, y el nombrado primer ministro puso todo su empeño en defender los privilegios del clero, centralizar el poder absoluto del rey y arrebatar la hegemonía del centro de Europa a los españoles. Fue por Richelieu por lo que Francia conservó Quebec, apoyo a los protestantes alemanes y holandeses y se reprimió a los hugonotes franceses.
Al final de su vida Richelieu era un personaje odiado tanto por el pueblo llano como por los miembros de la corte. Su ambición desmedida y la falta de escrúpulos que demostraba con sus acciones hicieron que ganara una pésima fama. Además, la subida de impuestos con la que sufragaba sus guerras no ayudó a que los franceses le tuvieran más aprecio.
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