El 29 de mayo de 1857 murió en Ceuta Agustina Zaragoza Doménech, más conocida como Agustina de Aragón. La heroína de la Guerra de Independencia falleció a causa de problemas respiratorios a los 71 años.
Casada desde los 17 con el entonces cabo de artillería Joan Roca i Vilaseca, decidió acompañar a su marido en la lucha contra los franceses y acabó metida en Zaragoza, ciudad que el 3 de julio de 1808 estaba a punto de caer en manos de las tropas napoleónicas. Agustina se encontraba cerca de la puerta del Portillo de la ciudad, donde los soldados que manejaban el cañón habían muerto y los enemigos se disponían a entrar. Fue entonces cuando Agustina tomó la mecha de uno de los caídos y abrió fuego hasta que terminó la batalla, logrando frenar a los franceses y ganándose el apodo de ‘la Artillera’. El heroísmo de Agustina de Aragón fue reconocido por el general Palafox, que le concedió el grado de oficial y la convirtió en un símbolo de la lucha contra los invasores.
Agustina sería hecha prisionera en febrero de 1809, cuando Zaragoza cayó, pero conseguiría escapar y continuaría su lucha en distintos lugares de España como Tarragona y Vitoria. Al acabar la guerra el propio rey Fernando VII quiso conocerla en persona y aumentó su pensión en agradecimiento a sus servicios. Agustina de Aragón terminó sus días en Ceuta, viviendo una vida tranquila y sin apenas repercusión en el momento de su muerte. Sus restos fueron trasladados a Zaragoza en 1870.