Los horrores de la Segunda Guerra Mundial conmocionaron al mundo e hicieron que, en 1948, representantes de todas las regiones del mundo elaboraran un documento que pretendía denunciar los hechos y establecer unos principios que todas las naciones deberían respetar. El 10 de diciembre de 1948, en París, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos al aprobar la Resolución 217 A (III).
Este documento se planteó como un ideal común para todos los pueblos en el que, por primera vez en la historia se establecían los derechos humanos fundamentales que todo país debe proteger. El texto ha sido traducido a más de 500 idiomas distintos y su preámbulo comienza de la siguiente manera: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Los 30 artículos que componen la Declaración Universal de los Derechos Humanos tratan desde la libertad, el derecho a la vida o los derechos sociales, económicos y culturales.
Si bien la declaración no es un documento vinculante, sirvió como base para la realización de tratados que los estados firmantes si deberían cumplir. Con todo, el siglo XX está plagado de ejemplos en los que los principios de esta declaración han sido violados de forma impune.