El 24 de octubre de 1929, tras una caída del 7% en los mercados, la Bolsa estadounidense se desplomó y provocó una situación de crisis e inestabilidad que el país (y gran parte del mundo) arrastraría durante años. La llamada Gran Depresión comenzó con aquel Jueves Negro.
Tras la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos se habían erigido como la principal potencia mundial frente a una Europa que estaba fragmentada y con las heridas del conflicto aún abiertas. Necesitada de alimentos, productos de consumo y materias primas, el Viejo Continente se convirtió en el cliente predilecto de los Estados Unidos y su mercado exterior pasaría a convertirse en el gran motor de la economía del país. En Europa se vivirían, debido a las ayudas venidas del otro lado del océano, los llamados "felices años 20" y en Estados Unidos la primera bonanza económica daría lugar a una euforia desmedida que les arrastraría a su propio abismo.
Las entidades bancarias y financieras comenzaron a introducir a la población general en el fascinante mundo bursátil con una serie de facilidades tanto en inversión como en la concesión de préstamos. La sociedad estadounidense empezó a vivir por encima de sus posibilidades y a darse a un modelo de consumo desenfrenado que difícilmente se podía mantener, ya que no se sustentaba en valores reales. La inflación y esta falta de soporte real provocaron que la burbuja que se había generado en el mercado estallara y provocara la peor caída de la historia de la Bolsa de Nueva York del siglo XX. Tanto empresas como particulares fueron a la bancarrota en un brevísimo periodo de tiempo y las consecuencias del Jueves Negro se extendieron a Europa, Oceanía y Latinoamérica ya que sus economías dependían de las ayudas dadas por Estados Unidos.
Mientras que Estados Unidos vivió los años de la Gran Depresión e hizo lo posible por recuperarse, en algunos lugares del mundo esta crisis económica provocó que las ideologías más extremistas tomaran fuerza y alcanzaran el poder.