En la década de 2010 se han producido grandes avances en nuestra capacidad para editar el ADN de forma precisa, en gran medida gracias a la identificación del sistema CRISPR-Cas9. Algunas bacterias usan de forma natural el CRISPR-Cas9 como sistema inmune, ya que les permite almacenar fragmentos de ADN viral, reconocer cualquier virus igual en el futuro y hacer trizas el ADN del virus. En 2012, los investigadores propusieron que el CRISPR-Cas9 podría utilizarse como una potente herramienta de edición genética, ya que corta el ADN con precisión de formas que los científicos pueden personalizar fácilmente. En cuestión de meses, otros equipos confirmaron que la técnica funcionaba en ADN humano. Desde entonces, laboratorios de todo el mundo han tratado de identificar sistemas similares para modificar el Crispr-Cas9 y aumentar su precisión, y experimentar con sus aplicaciones en la agricultura y la medicina.
Aunque las ventajas potenciales del CRISPR-Cas9 son enormes, los dilemas éticos que plantea también lo son. Para horror de la comunidad médica internacional, el investigador chino He Jiankui anunció en 2018 el nacimiento de dos niñas cuyos genomas había editado con la técnica CRISPR, los primeros humanos nacidos con ediciones genéticas hereditarias. El comunicado dio pie a llamamientos para establecer una moratoria internacional una moratoria internacional de ediciones en la línea germinal que serán heredadas en humanos.