«Es un juego de niños, esa gente no sabe lo que es un ejército francés; créanme, será rápido. Cuando mi gran carro político está lanzado, tiene que pasar: pobre del que caiga bajo sus ruedas», aseguraba Napoleón en 1807. El 18 de octubre de ese mismo año, sus primeros soldados cruzaban el Bidasoa y entraban en España convencidos de que la conquista sería un paseo militar. Nadie imaginó entonces que 110.000 de sus temibles combatientes no volverían a Francia.
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