La tumba de los imperios se ha cobrado su enésima víctima. En los últimos días, la reconquista de Afganistán por los talibanes tras la retirada de Estados Unidos ha demostrado lo que ya había quedado patente en la historia: lo difícil que es llevar la paz al territorio. Una lección que aprendieron por las malas grandes líderes como Alejandro Magno o Mijaíl Gorbachov. El primero se marchó de este mundo sin haber podido domar a los afganos; el segundo, por su parte, se vio obligado a retirar a las tropas soviéticas en 1988 después de una guerra de diez años que solo deparó muerte y derroche económico.