Ni héroes, ni villanos. A pesar de que en ocasiones quiera ser narrada como un cuento de hadas protagonizado por buenos buenísimos y malos malísimos, la cruda realidad es que la historia la forjan individuos con sus claros y sus oscuros. Sujetos a los que un trauma puede hacerles modificar su perspectiva; personas que se adaptan a las circunstancias que les rodean y, en definitiva, hombres y mujeres como los que hoy pisan las calles. Aunque, eso sí, puestos en situaciones límite.