El RMS Titanic se hundió en abril de 1912 tras chocar con un iceberg, causando la muerte de 1517 personas. A pesar de lo relevante que fue este hecho a nivel internacional, las limitaciones técnicas impidieron proceder a la localización práctica de los restos del navío hasta casi finales del siglo XX. En 1985, una expedición franco-estadounidense liderada por Robert Ballard se dispuso a encontrar el legendario transatlántico. Desde el barco de investigación de la Marina de los Estados Unidos Knorr se utilizó el Argo, un sumergible equipado con cámara y control remoto que descendió 4 000 metros y se topó con el Titanic el 1 de septiembre de 1985, transmitiendo las imágenes en directo al equipo del Knorr.
El Titanic se encontraba en las coordenadas 41°43′57′′ N, 49°56′49′′ O, a 24 kilómetros de la posición en la que mandó la señal de socorro, y estaba partido en dos partes. Los descensos posteriores y las investigaciones realizadas permitieron determinar la presencia de unos microorganismos que estaban comiéndose el metal del barco, analizar la fractura creada por el impacto del iceberg e incluso determinar que el uso de metales y remaches de baja calidad pudo haber sido una de las causas del hundimiento.