El 30 de diciembre de 2006 el exdictador iraquí Sadam Husein vio cumplida la condena a muerte que pesaba sobre él desde noviembre al ser ejecutado y morir en la horca. Algunos países como España o Francia mostraron su descontento con los hechos, pero los Estados Unidos de George Bush no ocultaron su alegría con la noticia.
Husein fue depuesto del poder tras la invasión estadounidense de Irak en 2003 pero el hecho que provocó que fuera juzgado y condenado había ocurrido en 1982, cuando el país que por entonces gobernaba estaba en plena guerra contra su vecina Irán. Durante una visita propagandística al pequeño pueblo de Duyail, un grupo armado emboscó el convoy presidencial e intentó acabar con la vida de Husein sin éxito. Como respuesta a este ataque, Husein volvío al pueblo acompañado por un fuerte dispositivo militar y decidió represaliar a los habitantes de la zona con torturas, violaciones, quemas de campos de cultivo y 148 asesinatos.
En 2005, con Husein ya preso, se abrió un proceso judicial en el que se acusaba al dictador, a su hermano y al entonces presidente del Tribunal Revolucionario de la masacre cometida 24 años antes. A pesar de los esfuerzos de la defensa, los testimonios y pruebas demostraron que las acciones llevadas a cabo por las fuerzas iraquíes en Duyail eran responsabilidad directa de Sadam Husein y la gravedad de los hechos hizo que se le condenara a muerte.