Alfred Nobel, hombre que ha pasado a la historia por haber inventado la dinamita y patrocinado uno de los premios más prestigiosos de la actualidad (entre otras cosas), nació el 21 de octubre de 1833 en Estocolmo, Suecia. Pasó su infancia en Rusia debido a los negocios que su padre tenía allí en el sector armamentístico y es probable que fuese en esta época cuando despertó la fascinación de Alfred Nobel por el estudio de los explosivos. Pasó muchos años trabajando con nitroglicerina, hasta que un accidente con esta sustancia en 1865 provocó la muerte de cinco personas, incluyendo su hermano pequeño.
Nobel inventó y patentó numerosos tipos de explosivos (entre los que se encuentran la dinamita, la gelignita y la balistita) y amasó una más que considerable fortuna (33 millones de coronas suecas poco antes de su muerte) con otros negocios como la inversión en pozos petrolíferos o la venta de armamento pesado. Declarado pacifista, Nobel vio cómo sus inventos servían para mejorar sectores como la industria o la minería pero también se aplicaban al campo de la guerra.
Al final de su vida, Alfred Nobel donó prácticamente la totalidad de su fortuna a una fundación con la misión de recompensar la labor de quienes intentan hacer un mundo mejor. El inventor de la dinamita falleció en 1896 y la fundación que había ideado comenzó a funcionar desde el año 1900, entregando los Premios Nobel a las mentes más destacadas de la Química, la Medicina, la Literatura o la Paz.