El bioquímico y biólogo molecular español Severo Ochoa falleció el 1 de noviembre de 1993, con 88 años. Licenciado de Medicina en 1929 por la Universidad Complutense de Madrid y doctorándose poco tiempo después, comenzaría una carrera centrada en la investigación más que en la labor de médico como tal. Desde un primer momento se reconoce su habilidad y brillantez y recibe numerosas becas para ampliar sus estudios en el extranjero (Escocia, Inglaterra, Alemania…). Durante su estancia en el Instituto Kaiser Wilhelm para la Investigación Médica trabaja en bioquímcia y fisiología del músculo junto al profesor Otto Meyerhof, que influiría en su futuro. Se marcha de España al comienzo de la Guerra Civil y, tras un tiempo en Alemania y Gran Bretaña, emigra a Estados Unidos en 1941.
Durante los años 40 y 50 el campo de la bioquímica experimenta grandísimos avances y descubrimientos. En 1955, dos años después de que Watson y Crick propusieran su modelo de doble hélice para el ADN, Severo Ochoa descubre y aisla una enzima que más tarde sería reconocida como el ARN. El trabajo del asturiano permitiría comprender los mecanismos de síntesis del ARN y del ADN, este segundo obtenido por la labor de Arthur Kornberg como continuación de la investigación de Ochoa. Ambos compartieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1959.
Severo Ochoa pasaría el resto de su vida dirigiendo grupos de investigación y ostentando cargos de responsabilidad en instituciones de todo el mundo, como el Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid o el Roche Institute of Molecular Biology de Nueva Jersey. Pasaría sus últimos años dando conferencias, atendiendo a los medios de comunicación y tratando con los estudiantes del Centro de Biología Molecular de Madrid. Pocos meses antes de su muerte presentaría en Madrid su biografía, La emoción de descubrir.