El 17 de julio de 1917, el rey Jorge V de Inglaterra proclamó una ley por la cual, desde ese momento, la familia real británica y todos sus descendientes llevarían el apellido Windsor.
Hasta entonces, la casa real de las islas británicas era conocida como Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha desde el nacimiento de Eduardo VII, hijo de la reina Victoria de Hanover y Alberto de Sajonia-Coburgo y Gotha y padre de Jorge V. De hecho, la propia casa de los Hanover era de origen alemán y hasta ese momento las raíces germanas de la corona nunca habían supuesto un problema, pero 1917 fue el año clave de la Primera Guerra Mundial y Gran Bretaña era enemiga de Alemania. Queriendo distanciarse de todo aquello que recordara al país con el que estaban combatiendo en las trincheras de Europa, Jorge V decidió que la familia real británica sería conocida por el nombre de Windsor, mucho más inglés al oído y que hacía referencia al lugar donde la corona tenía una residencia desde el siglo XII.