El 17 de marzo de 1956 falleció Irène Joliot-Curie, hija del matrimonio Marie Sklodowska-Curie y Pierre Curie. Es probable que Irene heredara de sus padres la pasión por la ciencia, y el ambiente estimulante en el que creció seguramente ayudó mucho a esta investigadora a avanzar en su carrera científica.
Aunque su nombre sea quizás menos conocido que el de sus padres, Irène Joliot-Curie se ganó la fama por méritos propios, y en 1935 recibió el Premio Nobel de Química por haber conseguido producir isótopos radiactivos artificiales. Irene también contrajo matrimonio con un científico, Frédéric Joliot, y ambos lograron grandes avances en el estudio de la radiactividad.
Al igual que Marie Curie, Irene enfermó de leucemia a causa de la larga exposición durante su carrera científica a la exposición a las radiaciones de los rayos X, y murió en su casa de París como consecuencia de esta enfermedad.