El 8 de enero de 1959, una semana después de que el dictador cubano Fulgencio Batista abandonara la isla, Fidel Castro entró en La Habana a la cabeza de un desfile de soldados revolucionarios y con los vítores de los cubanos de fondo. La primera aparición de Fidel Castro tras la huida de Batista se produjo el día 1 de enero en Santiago de Cuba, ciudad que siempre le había mostrado su apoyo y donde Castro comenzó su andadura revolucionaria con el ataque al cuartel Moncada en 1953. Tras más de dos años de guerra la capital cubana recibía al indiscutible líder de la revolución.
La figura de Fidel Castro gozaba de una fama inmejorable. La odisea protagonizada por sus guerrilleros, que partieron desde el exilio en un yate destartalado y consiguieron hacer frente a un ejército mucho más numeroso y mejor equipado había hecho que se ganaran la simpatía de medio mundo y Fidel era visto casi como un héroe romántico. Ya al mando del nuevo gobierno cubano, comenzó el desmantelamiento del sistema que imperó durante la dictadura de Batista y llevó a cabo las primeras reformas sociales en ámbitos como la expropiación de grandes empresas o el reparto de las tierras.
Durante la revolución, Fidel Castro no era un socialista convencido. Fueron determinadas circunstancias posteriores las que radicalizaron su posición y lo acercaron a la Unión Soviética. Una de las más recordadas fue el intento de contrarrevolución que un grupo de exiliados cubanos, armados por Estados Unidos trató de llevar a cabo en el desembarco de Bahía Cochinos. Pero el momento clave que definiría la actitud del dictador cubano y las relaciones de la isla con Estados Unidos y otros países occidentales fue la crisis de los misiles cubanos de 1962.