El explorador de origen portugués Fernando de Magallanes halló la muerte en una lejana playa del Pacífico Norte el 27 de abril de 1521. En agosto de 1519 había emprendido una expedición sufragada por el rey Carlos I de España para llegar a las islas Molucas a través de una nueva ruta por el oeste pero el enfrentamiento con un líder local en Filipinas le impediría completar su viaje y, sin saberlo todavía, la primera vuelta al mundo.
Tras dejar atrás el continente americano y pasar una larga temporada en un inmenso y vacío océano, la expedición de Magallanes llegó a las islas Marianas y se encontró con buena predisposición por parte de los líderes nativos, llegando a comerciar con ellos e incluso a entablar ciertas relaciones diplomáticas. Este primer contacto hizo creer a Magallanes que su superioridad armamentística y tecnológica le aseguraba la victoria frente a los pueblos nativos e inició una política de intervencionismo y sumisión. Al llegar a Cebú, en las actuales Filipinas, el rey Humbabón le rindió pleitesía y le colmó de presentes y, en respuesta, Magallanes asumió el control práctico de la isla y cristianizó a sus habitantes. La presencia de los españoles no fue bien vista por todos y surgieron varios focos rebeldes entre los que se destacaba el del líder Lapu Lapu, en la isla cercana de Mactán.
Magallanes desembarcó en la isla con medio centenar de hombres previendo una victoria rápida y segura, pero lo que se encontró fue una lluvia de flechas envenenadas y a más de un millar de guerreros nativos. Sin posibilidad de huir o de recibir refuerzos, el explorador Fernando de Magallanes cayó víctima de las flechas enemigas y fue rematado con un alfanje. Tras su muerte, el mando de la expedición terminó en manos de Juan Sebastián Elcano.