El 28 de agosto de 1955 Emmett Till, un joven afroamericano de 14 años, fue secuestrado, golpeado y brutalmente asesinado por Roy Bryant y su medio hermano J.W. Milam. ¿La causa? Haberle dicho un piropo a la mujer de Roy.
Emmett estaba en Money, Mississippi, visitando a unos familiares. Él había nacido y vivía en Chicago y aunque había ido a un colegio que separaba a los estudiantes negros de los blancos, nunca había visto un lugar tan estricto con las leyes de segregación como el estado sureño. Antes del viaje, su madre la había advertido de que tuviera cuidado y no se metiera en líos pero Emmett era un joven alegre y bromista que quería pasárselo bien y divertirse con sus primos y amigos. Una tarde, el grupo de Emmett pasó a una tienda en la que Carolyn Briant trabajaba como cajera. No sé sabe a ciencia cierta qué es lo que le dijo Emmett (algunos testigos afirman que solo le dijo ‘Adiós, guapa’) pero lo que Carolyn le contó a su marido fue que el chico se había sobrepasado con ella, agarrándola y diciéndole obscenidades.
Roy Bryant, el propietario de la tienda que estaba de viaje cuando sucedió el encontronazo entre su mujer y Emmett Till, se reunió con su medio hermano J.W. Milam y juntos fueron a la casa de Mose Wright, el tío abuelo de Till. Allí, tras amenazar a Wright, obligaron a Emmett a meterse en el coche y se lo llevaron. Ese mismo día, tras darle una paliza, lo condujeron hasta la orilla del río Tallahatchie y le obligaron a cargar con una desmontadora de algodón de más de 30 kilos. Allí, Roy Bryant y su hermano golpearon al joven Emmett Till hasta dejarlo casi muerto, le sacaron los ojos y le pegaron un tiro en la cabeza antes de tirar el cuerpo al río con la desmontadora atada para que se hundiera. Los restos fueron encontrados a los tres días y estaban tan dañados que la identificación se hizo por un anillo que llevaba con sus iniciales.
Mamie Bradley, la madre de Emmett, exigió que el cuerpo de su hijo fuera enviado a Chicago y, al ver la brutalidad con la que había sido asesinado, decidió que el funeral fuese con ataúd abierto para que todos pudiesen contemplar las consecuencias y peligros del racismo. La terrible imagen del cuerpo de Emmett Till recorrió el país y fue un hecho tan traumático que impulsó la lucha por los derechos civiles y concienció a muchas personas de que debían acabar con la discriminación.
El juicio de los asesinos comenzó dos semanas después de los hechos. Un jurado compuesto exclusivamente por personas blancas les declaró no culpables en menos de una hora de deliberación. Ambos murieron muchos años después sin haber pisado la cárcel ni haber pagado por su crimen, el cual Bryant reconoció haber cometido durante una entrevista. Lo más curioso es que, en 2007, Carolyn Bryant reconoció que lo que le había contado a su marido y había declarado en el juicio “no era del todo cierto” y que Emmett Till no hizo nada que pudiera haber justificado ni mínimamente las acciones de su marido.