El 21 de diciembre de 1959, alrededor de 1 millón y medio de españoles fueron testigos de la primera visita oficial del presidente de los Estados Unidos Dwight Eisenhower a la España de Franco. El encuentro supuso un reforzamiento del acuerdo de colaboración al que se había llegado en 1953, el comienzo del llamado “milagro español” y la prueba de que el régimen franquista había conseguido sobrevivir al aislacionismo europeo.
Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial Franco, que había subido al poder en 1939, fue visto por los victoriosos Aliados como un secuaz del nazismo y un régimen totalitario dentro de la democrática Europa Occidental por lo que se decidió hacer un bloqueo diplomático y comercial que acentuó aún más las consecuencias del sistema autárquico promovido por el régimen. Pero la cosa cambió drásticamente en 1953, cuando la amenaza de la URSS se veía mucho más cercana y Estados Unidos quiso buscar un nuevo apoyo que sirviera como dique de contención contra el comunismo, y quien mejor que el general/dictador que había hecho de la lucha contra “los rojos” su seña de identidad.
En septiembre de 1953 se firmaron los Acuerdos de Madrid en los que se establecía un soporte militar de Estados Unidos a España, una ayuda económica que Berlanga parodió en Bienvenido Míster Marshall y el establecimiento de las bases militares de Zaragoza, Torrejón de Ardoz, Morón de la Frontera y Rota controladas por Estados Unidos. A los dos años España sería aceptada en la ONU (organización que la había condenado no hacía mucho) y con la visita de Eisenhower se consolidaría una colaboración que sirvió para blanquear al régimen en el ámbito exterior y propiciar el establecimiento definitivo de la dictadura franquista en España, que ahora se veía reforzada en lo económico y con una opinión popular favorable al régimen.