El 18 de julio de 1837 el famoso bandolero madrileño Luis Candelas fue arrestado en el puesto de aduanas del puente Mediana, en el camino real de Valladolid a Toledo. Intentaba escapar y ocultarse tras haber robado en casa de Vicenta Mormín, la modista personal de la reina María Cristina, pero ni su habilidad ni toda su labia pudieron salvarle esta vez.
Candelas había nacido en el madrileño barrio de Lavapiés, en una familia pudiente que le ofreció una buena educación y recursos desde muy temprana edad. Este contexto cómodo no impidió que el madrileño decidiera abrazar la vida delictiva ya en su juventud, convirtiéndose en uno de los mejores ladrones de Madrid y una figura muy popular entre la gente de la ciudad y, sobre todo, entre las damas. Luis Candelas era un hombre atractivo, bien vestido, educado y culto, maestro del disfraz y ladrón de guante blanco como la villa de Madrid no volvería a ver. Planeaba todos sus golpes con meticuloso cuidado, era un genio con la ganzúa y nunca tuvo que recurrir a la violencia ni cometió crímenes de sangre en sus robos. Una de sus tácticas más comunes era seducir a mujeres de la alta sociedad para colarse en las casas y, haciéndose pasar por un hombre muy rico, atraer la atención de los invitados mientras su banda arrasaba con todos los objetos de valor.
A pesar de que había escapado hasta en seis ocasiones de la prisión y solía contar con el favor de las autoridades, el último arresto de Candelas era distinto y desde un primer momento supo que esos barrotes no se abrirían con facilidad. A pesar de no haber matado ni herido nunca fue condenado a garrote vil y, tras pedir clemencia a la reina regente y que esta se la negara, fue ejecutado el 6 de noviembre de ese mismo año.