Thomas Alva Edison, recordado como uno de los grandes inventores del siglo XIX, patentó la bombilla incandescente el 27 de enero de 1880. Se trataba de la patente 285.898 y se convirtió en la primera bombilla comercialmente viable.
Edison no inventó la bombilla como muchos suelen afirmar. Lo que hizo fue desarrollar el trabajo previo de otros investigadores hasta lograr un producto más efectivo y duradero. El primer antecedente de la bombilla de Edison apareció en el año 1800, cuando Humphry Davy demostró que se podía utilizar la electricidad para generar luz a través del arco voltaico. James Bowman Lindsey presentó en 1835 la primera bombilla incandescente alimentada con corriente continua y desde entonces hasta la versión de Edison, fueron muchos los distintos tipos de bombillas que aparecieron pero todos resultaron un fracaso.
Estas primeras bombillas se calentaban demasiado, eran muy caras o tenían una vida útil excesivamente corta. Edison decidió dar solución a estos problemas u comenzó a experimentar con diseños y materiales alternativos. La bombilla que patentó en 1880 usaba filamento basado en el carbono combinado con el vacío en el interior de la bombilla, lo que alargaba su vida útil hasta las 40 horas. Edison iría un paso más lejos al idear un sistema eléctrico compuesto por tubos y cables, consiguiendo generalizar el uso de la bombilla entre la población y abaratando los costes.