El 20 de noviembre de 1945, meses después del final de la Segunda Guerra Mundial, comenzaban los Juicios de Núremberg. Durante los meses que duró el proceso, que finalizó el 1 de octubre de 1946, la sociedad alemana (y la mundial) pudo revivir los crueles crímenes contra la humanidad cometidos durante el régimen del Tercer Reich. Una larga lista de pruebas documentales y el testimonio de testigos dieron fe de los asesinato en masa cometidos durante aquellos negros años, en los que los nazis operaron en decenas de campos de concentración repartidos por toda Europa, en los que los ‘enemigos de la nación alemana’ fueron enviados a los trabajos forzados, a la tortura y a la muerte. Durante el Holocausto fueron asesinadas entre 15 y 20 millones de personas, 6 millones de ellas judíos.
En aquellos días, se decidió la suerte de 24 líderes nazis, entre ellos, Rudolf Hess, Hermann Göering, Joachim von Ribbenntrop o Alfred Rosenberg. Todos ellos fueron testigo de las pruebas, que atestiguaban las atrocidades cometidas bajo su mando. Sin embargo, muchos se limitaron a afirmar que solo cumplían órdenes.
Los juicios de Núremberg fueron el punto de partida del establecimiento del Derecho natural, es decir, de un marco de derechos humanos que hay que considerar por encima de las leyes de un país dominado por el odio y la falta de cordura. Los acusados fueron condenados por crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. En total, hubo 12 condenas a muerte, tres cadenas perpetuas, cuatro penas de prisión, tres absueltos y dos casos sin condena.
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