El 19 de julio de 1870 la Francia de Napoleón III declaró la guerra a Prusia, entonces encabezada por el káiser Guillermo I y su leal canciller Otto von Bismark.
Las tensiones entre ambos países se extendían desde las primeras décadas del siglo XIX, cuando Prusia decidió sumarse a las potencias colonialistas y extender sus territorios por Europa, derrotando a Austria en 1815 y haciendo que la idea de la unificación alemana fuese muy plausible. Esto disgustó enormemente a Francia, que veía cómo un nuevo rival podía entorpecer sus planes en el continente y romper el equilibrio de poderes que ya existía con las demás potencias. Si bien la guerra entre ambos países parecía muy cercana, prefirieron esperar mientras Francia modernizaba su ejército y Prusia hacía que arraigase entre la población la idea del nacionalismo alemán.
Curiosamente, el desencadenante de la guerra provino, de manera indirecta, de España. El país ibérico estaba buscando un nuevo rey tras haber derrocado a Isabel II de Borbón y uno de los favoritos para el puesto era Leopoldo de Prusia, lo que habría otorgado al país centroeuropeo en una situación excepcional. Francia envió un embajador a Bad Ems, donde veraneaba Guillermo I, para asegurarse de que Leopoldo no llegaría al trono de España. Tras la reunión entre Guillermo I y el embajador francés se envió un telegrama a Bismark por el que se comunicaba que el káiser había rechazado la petición gala pero el canciller lo hizo público tergiversando el mensaje y dejando en ridículo al embajador francés. Ante lo que fue considerado como una afrenta gravísima, Napoleón III declaró la guerra a Prusia.