El 8 de octubre de 1871 comenzó en Chicago un gran incendio que no sería controlado hasta dos días después y en el que quedó destruida gran parte de la ciudad.
Esa noche, Louis M. Cohn participaba en una partida ilegal de dados en un establo e iluminada por un farol de aceite. Dado que el juego era ilegal, la policía llevó a cabo una redada y, en su huida, Cohn derribó el farol y provocó un fuego que crecería rápidamente. A mediados del siglo XX, Chicago era una ciudad con abundancia de almacenes de madera y calles pavimentadas con pino por lo que cuando el fuego prendió se extendió por toda la ciudad sin que pudieran hacer nada. Tardaron dos días en poder apagar las llamas y, en ese tiempo, murieron 300 personas, se destruyeron 18.000 edificios y unas 100.000 personas se quedaron en la calle en situación de pobreza.
Se extendió la teoría de que había sido una vaca quien había volcado el farol que dio comienzo al incendio pero en una carta publicada tras su muerte Cohn, que se había hecho muy rico, donó enormes cantidades de dinero a la ciudad y confesó su culpa. La destrucción de la ciudad promovió que algunos de los arquitectos más reconocidos de todo el país acudieran a Chicago para encargarse de la reconstrucción de la ciudad, dando lugar a la llamada Escuela de Chicago y convirtiendo a la ciudad de Illinois en un referente arquitectónico y una de las ciudades más importantes de Estados Unidos.