Fue el día de la Europa unificada. Desde Estonia hasta Chipre, desde Madrid a Varsovia, Europa fue una fiesta el 1 de mayo de 2004. Siete países del antiguo bloque soviético (Estonia, Lituania, Letonia, Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia), otro ex yugoslavo con pasado comunista (Eslovenia) y dos mediterráneos (Chipre y Malta) se incorporaron en esa fecha a una Unión Europea que sumaba ya 25 países y 455 millones de habitantes. La mayor ampliación del club europeo, la quinta, fue, por encima de todo, la unificación de Europa, la caída definitiva de unos muros que durante décadas de guerra fría separaron Este y Oeste. En Dublín, jefes de Estado y de Gobierno de los 25 países integrantes asistieron emocionados a la solemne izada de banderas de todos los socios. Minutos después posaban para la primera foto de la nueva Europa unida. Unidad en la diversidad, el lema de la UE, es desde entonces más real, con 75 millones más de ciudadanos, la UE paso a tener 20 lenguas oficiales, una gran brecha económica (los 10 incorporados aportaron el 20% de habitantes de la UE, pero solo el 5% del PIB). De ahí la preocupación de la Europa de los 15. Pero Europa ese día avanzo bajo un proyecto común basado en la democracia y el progreso.